Estado civil: cansada

Carla Sánchez

Estoy cansada, sí, han leído bien, no casada, para eso todavía falta y el día que lo haga será un acontecimiento insular, ahora mismo estoy can-sa-da.

Me quedan pocos días para aceptar (gustosamente) mis treinta y cuatro años, mi vida a esta edad es muy distinta a como la imaginaba con veinte, no es mejor ni peor, solamente es distinta, porque cuando imaginas o idealizas cosas, dejas al margen miles de detalles que pueden aparecer.

Mis amigos y familia me dicen que yo nací vieja, que soy vieja desde pequeña, por mi forma de ser, de comportarme, de reaccionar o responsabilizarme de las cosas, pero lo cierto es que yo me miro al espejo y me veo estupendamente, soy un calco de mi madre que mientras tenga un poco de color en la piel, a mi siempre me parece que estoy bien, aunque tenga las ojeras de un mapache. Yo no me siento vieja, al contrario, cuando tengo que decir mi edad, dudo, porque no soy consciente de la edad real que tengo y siempre pienso que es menos, lo que yo estoy es cansada, muy cansada y aún más cansada de repetir que lo estoy.

Esto parece la página de un diario personal, pero no lo es, es un resumen de las cosas de la vida que seguramente nos agotan a todos, pero no nos atrevemos a decir. Por ejemplo, las uso a diario, pero estoy cansada de las redes sociales, de la esclavitud del ser humano al “que dirán”, de la gente que desayuna, almuerza, merienda y cena todo frío, porque se ha enfriado mientras sacaba la foto con la luz perfecta, en el ambiente perfecto, que yo también las hago, pero a toda prisa porque me muero de hambre y me da igual si de fondo sale una señora con un solo diente comiendo bizcochos de Moya. Estoy harta de encender el móvil por las mañanas y que todo sean catástrofes, robos a manos llenas, fatalismos, predicciones del fin del mundo y lo único positivo que haya en todo eso, es cómo hacerte un bolso de mano con un cartón de leche. Estoy cansada de los políticos que cuando gobiernan son seres humanos que cometen errores y cuando están en la oposición son seres diseñados a medida en pulcritud, honestidad, trabajo y ejemplo, que jalean como en el circo romano, la cabeza de sus oponentes, olvidándose, de lo realmente importante, fuera del circo, la mayor parte de la población no pudo ni pagarse la entrada.

Hasta el límite de la carencia de empatizar generalizada entre todos, que hace imposible ponerse en el lugar del otro, de los jueces sin toga que juzgan y sentencian las vidas ajenas, cuando la suya, es un campo de minas del que no sabe como salir, porque si lo supiera, saldría corriendo. Me cansa también la falta de memoria, esa demencia extendida del ser humano que le impide por completo recordar qué o quien hizo por el o ella cuando más lo necesitó, pero recuerda perfectamente y te lo dice cada diez minutos, que esta mañana te pagó el café. Hasta el mismísimo de la máxima del envidioso, que no quiere lo que tu tienes, lo que quiere es que tú no lo tengas.

Hartazgo de los filtros de las fotos, esos que no nos dejan reconocernos como somos y nos pintan una imagen de parejas, amigos, familia, vacaciones o escapada perfecta, en la que, tras la foto, todo el mundo coge su móvil y no vuelve a dirigirse la palabra. Estoy cansada de quienes leen el titular y no la noticia, o mejor expresado, de quienes no leen y sin embargo transmiten como la misma pólvora, noticias, debates, primicias y exclusivas bajo el conocimiento de un experto en nada.

Me cansé hace tiempo, de estar en el ring de boxeo, sin guantes ni protección, porque no me subí a pelear, pero, en cambio, me llevo una cascada de golpes sin que me salve la campana. Además, los golpes más rastreros, vienen siempre rápidos, certeros y de quien último lo esperarías. Hasta las narices de las formas que hacen perder la razón al fondo, de las últimas cenas y los besos de Judas, de los filósofos que sientan cátedra sólo en su cuarto de pileta, de los profetas que quieren colarnos como moderno, sano y revolucionario, algo que lleva entre nosotros toda la vida y apartamos de nuestra vista, manipulados únicamente por una moda, por los medios, porque sí, porque lo dice mi vecina.

Pero ojo, también me canso de cosas sencillas, como la cerveza caliente, el vino malo a precio de órgano en el mercado negro, las papas arrugadas crudas, la cebolla caramelizada en todos los platos como antesala a la estrella michelín, las plantas a las que doy todo mi amor y se me mueren, buscar mis gafas con ellas puestas, maldecir al cosmos porque no encuentro las llaves teniéndolas en la mano, etc.

Yo sé que están pensando que, esto es un texto digno de, como dicen ahora, una “hater”, que de toda la vida se ha llamado “coñazo de tía” en la Península Ibérica y “bobamierda” en canarias, pero no, yo me alegro de estar cansada, porque estar cansada significa que me pasan cosas, que las siento, que aprendo,  es el resultado de estar viva y yo, no estaba muerta, de momento sólo estoy…….de parranda.

Esta entrada fue publicada en Me gusta. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Estado civil: cansada

  1. Natividad Velazquez Perez dijo:

    Única e irrepetible mi prima Carla.Desde luego que si has sido siempre mayor no vieja.Cómplice de los tuyos y amiga de tus amigos.Con estos relatos haces que
    Todos hagamos terapia no ocupacional sino mental.Reflexionamos y nos damos
    Cuenta que el tiempo es oro y que vale más estar cansada que casada porque eso significa que vives y haces que los que te queremos y compartimos contigo algunos momentos también seamos parte de ese cansancio maravilloso.
    Nunca dejes de escribir guapa.

    Me gusta

Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s