Los perros y los niños

Marisol Ayala

Hace días hablando con Pilar Eyre descubrimos que pensamos igual respecto a la importancia que tiene un perro en la vida de un niño. Las dos tenemos nietos y hemos sido testigos de eso. Crecen juntos y juntos descubren juegos y miedos. De tal manera que cuando hoy vemos a nuestros niños abrazando, besando, jugando con un perro pensamos que un día ellos vivirán la vejez de su hermano de cuatro patas, ley de vida, y el final. La charla con Pilar, activa militante en la defensa de los animales, surgió por una experiencia que colgó en la red. Contaba que se encontró con una amiga empujando orgullosa el cochito de su nieto. La conversación debió derivar en alguna pregunta relacionada con el perro de la abuela del cochito y la relación con el bebé porque la respuesta fue tajante: “Lo tuvimos que quitar porque molestaba al niño”. Una abuela imbécil e ignorante que hurtó a su nieto la experiencia de compartir su vida de la mano, mejor de la pata, hablando de lo que hablamos, de la nobleza. Es una actitud tan torpe como ridícula. Confieso que cuando mis hijos me regalan imágenes de mi nieto jugando con su perra lo celebro con una sonrisa. Es la reina. En esa casa no se da un paso sin ella, vayan donde vayan, allá va. La persona que me razonó la importancia de un perro en la vida de un niño es un amigo psiquiatra. Mi hijo el mayor estudió en Málaga lo que supuso que su hermano, se llevan siete años, quedara descolocado dado lo unidos que han estado siempre. Tenía, sí, a la familia pero en el día a día del niño había un vacío, se quedaba solo, sin compañero de juegos. La preocupación era lógica y ese amigo nos indicó el camino. “Tráete un perrito a casa. Que el niño comparta su vida con él, se acompañarán mucho”. En eso estábamos cuando mi madre supo que en el barrio un vecino tenía una camada y regalaba algunos. Fuimos a conocerlos. Todos eran marrones. Mi hijo se enamoró del que nos miraba asustado y acabamos llamando Pepe. Vivió diecisiete años en casa como uno más de la familia.

Hoy cuento la historia porque Pepe fue el mejor compañero, el fiel amigo, cariñoso y juguetón. No lo olvidaremos jamás.

Y es verdad, ignorante la amiga de Pilar. Nunca sabrá la felicidad que le ha robado a ese niño.

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