Niños acogidos, los Reyes de la casa

Marisol Ayala

En Canarias 600 niños desamparados han sido acogidos por familias ajenas y extensas. En los centros alrededor de 1.000 esperan correr la misma suerte.

Se trata de niños cuyos padres biológicos carecen de medios para atenderlos o una vida poco ejemplar y los ceden temporalmente a familias.

Hay familias acogentes que a lo largo de los años han tenido 18 menores en su casa. “Con todos mantenemos una relación cercana, ellos saben que nosotros, sus padres acogentes, estaremos siempre ahí”, dice Paco Oliva

La Asociación Canaria de Familia Acogentes (ASFACA) agrupa a personas que teniendo su vida familiar perfectamente ordenada no han dudado en abrir las puertas de sus casas a niños de 1-18 años en situación de desamparo y cuyos padres, por mil razones, desde precariedad económica, drogas, prostitución, enfermedades y otras, no pueden atenderles. Los quieren pero carecen de medios o de un mínimo orden familiar. En esa situación amarga es cuando los padres biológicos deciden dar el paso, doloroso y generoso a la vez, de pedirle a la administración que ampare a sus hijos de forma temporal, hasta que sus vidas se reconduzcan. O no.

Paco y Carmen con su último niño acogido y ya entregado a la familia biológica. Ese abrazo habla por sí solo.

El gobierno de Canarias le paga a las familias acogentes 600 euros mensuales por los cuidados de un menor, sin embargo el mismo Gobierno canario abona 1.800 euros por cada niño en los centros, es decir por el mismo trabajo. Muchos son los que esperan una revolución en al área de Menores que implique más compresión y realidad social; que lo que les pagan a las ONGs se lo lleven las familias que están locas por acoger a un niño desamparado. En ese contexto de un niño desamparo es cuando aparecen las familias acogentes de Canarias que en los siete años que llevan de actividad le ha dado cobijo a unos 400 niños, menores que pasan a convivir con sus “nuevos padres” pero teniendo claro ambas partes que se trata de una situación temporal. El niño amparado verá a sus padres biológicos con el que mantiene una relación de cercanía, una relación administrativa que finalizará cuando Menores valore si la situación de los padres biológicos ha mejorado. De lo contrario el niño podrá seguir con la familia ajena o cedidos para en adopción. Los menos.

EXPERIENCIAS, TESTIMONIOS

Estos son los testimonios de hombres y mujeres a los que un día un anuncio del gobierno canario les cambió su vida. Pedían familias que temporalmente acogieran niños en desamparo y no lo dudaron, hoy viven con ellos, están muy cerca, y algunos tienen la suerte de tener dos papás, dos mamás. Ese fue el camino hacia el acogimiento. El lector observará que se ha respetado el anonimato de los niños y que sus papás figuran como han querido.

Fran y Martina: “La primera que acogimos tenía 18 años. Necesita un empujón en la vida”

“En el año 2001 decidimos dar una oportunidad a una niña, que estaba algo perdida, ya había cumplido los 18 años, pero necesitaba un empujón para afrontar su vida. Le abrimos las puertas de nuestra casa y fue el inicio de algo muy grande. Nueve años después hicimos el curso de formación y nos dieron la idoneidad para el acogimiento ajeno.

Pero la alegría llego en el verano del 2011. Nos llamaron para proponernos a una menor de 9 años. No dudamos ni un segundo y ver su cara por primera vez, es algo que a los dos se nos ha quedado grabado en nuestra memoria. No suficiente con eso, quisimos seguir creciendo y en el año 2014 llegó a nuestras vidas otra princesita de 7 años. Ya son más de 4 años los que llevamos juntos los 4, ya que las dos son de acogida permanente, y hemos decidido ir a por el siguiente acogimiento. Así que estamos ilusionados, esperando a abrir de nuevo nuestros corazones”.

Eva Pérez. “El primer niño que llegó a casa era risueño y tenía 13 años”

“Mi nombre es Eva, soy familia de acogida, mono parental. Soy madre biológica de tres hijos de 32, 28 y 24 Años. En el año 2013, conocí por una publicidad en televisión, que había la posibilidad de tener en acogimiento a niños en nuestra casa. Me interesé, llamé al Gobierno de Canarias, ahí empezó mi colaboración. Consulté primero con mis hijos, sobre todo con el mayor que es el que vivía en ese momento en casa y también con el resto de familia, hermanos, sobrinos etc.,”

“El primero que llegó a casa fue Vicente en el 2013. Tenía trece años. Un niño risueño. Nos adaptamos bien desde el principio, estuvimos 3 años juntos. En Diciembre de ese mismo año nos presentaron a Montse, solo tenía 20 días. Ha sido una experiencia maravillosa y muy enriquecedora, además de un reto personal. Logramos integrar a ambos niños en la familia y darles todo el amor y cariño que deben recibir en el seno de un hogar. En estos momentos, Montse tiene 4 años y 7 meses y parece que seguirá bastante tiempo con nosotros. A medida que va creciendo, le van surgiendo dudas, pero intentamos en todo momento hacerla parte de nuestra vida”.

Niños con sus nuevos padres.

Claudia Behncke. “El día más emocionante fue el de su orla”

“Hace unos 10 años un día vi un anuncio: “Se buscan familias de acogida”. Sentí que ese anuncio me hablaba directamente a mí. Estaba en un momento de mi vida en el que ya había descartado ser madre biológica, pero quería cuidar de un niño. Quería regalar mi amor a alguien, un niño. Pasé por tests psicológicos, entrevistas. En un curso me explicaron en qué consistía el programa de acogimiento y las características”.

Poco después recibió una llamada; “tenían una niña para mí en régimen de acogimiento permanente. Fue un momento emocionante. Yo no tenía familia de apoyo cerca, ni pareja. En el camino para conocer a la niña me comentaron que no debería preocuparme si no me hablaba, ella era así. Introvertida y de pocas palabras. Qué sorpresa se llevaron, cuando se dieron cuenta que estábamos una hora hablando, contándonos gustos y bailando juntas nada más conocernos. Uno de los momento más emocionantes para mí fue el acto graduación, con su orla, tan lista y máxime cuando esta niña insegura, introvertida y tímida, se levanta para pronunciar el discurso en representación del alumnado. Ha sido ese momento en que sabía: ¡Sí, algo he hecho bien! Hoy en día, mi niña empieza segundo de carrera de psicología. Y quiere en un futuro adoptar y acoger niños”. Suerte de niña con una mami así.

Rita. “Mami, si no existieran ustedes habría que invertarlos”

“Mi hija hoy será Cleo. Así la llamaré. Creció en un hogar para niños desamparados del que guarda buenos recuerdos ligados a las experiencias y cariño que compartió con otros niños como ella. Fue a la edad de 8 años cuando tuvo la oportunidad de conocer a la familia de acogida con la que vive actualmente. Ahora, a sus  13 años cargados de emociones, sentimientos, cuando le pregunto cómo se siente en una familia de acogida, contesta: “si no existiesen habría que inventarlas, porque todos los niños tienen que crecer en familia”.

Mantiene contacto con su familia biológica y eso la hace feliz, a veces piensa que conocer a su padre estaría bien, aunque por ahora, es tan solo un sueño en su camino. El acogimiento es probablemente una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida y es que los niños y niñas tienen esa capacidad de devolverte multiplicado ese amor y dedicación que tú les regalas”.

Eva. La mirada que le regala a su hija de acogida es un mensaje de amor. Tiene dos hijos biológicos mayores pero elle quería emprender un compromiso. Adoptar, acoger.

Paco y Carmen: “Por casa han pasado 18 niños acogidos”

Paco Oliva y Carmen Galván recuerdan. “Era un domingo de descanso y asadero en casa, con amigos a la que se unió un familiar con su pareja; en el momento de sobremesa la chica habló con mi mujer Carmen y le comentó si podría cuidar de un bebé de 1 mes de vida ya que su madre no tenía recursos para alimentar y cuidarle.

Durante diez meses vivimos y disfrutamos de la pequeña, vivimos cada momento sin pensar en que se quedara con nosotros para siempre, pero si en que pudiera tener lo que las circunstancias le había negado, compartimos el tiempo con la madre biológica mientras la documentación y los informes se amontonaban.

Años después conocimos el programa de Acogimiento de cruz roja, “cuando una puerta se cierra otra se abre”, es verdad, y en lugar de olvidarnos decidimos apuntarnos para ser familia Acogentes de urgencia y Temporal… y aquí estamos con 18 menores que han pasado por casa desde ese entonces. Cada uno de ellos ha dejado una huella en nuestra familia, hasta los últimos cuatro menores que actualmente están en casa. Con muchos de ellos seguimos manteniendo contacto porque le filosofía es esa, estar ahí cuando nos necesiten y cuando sus hermanos precisen de los más grandes”.

Ni son todos los que están ni están todos los que son. Verano con nuevo hermanos.

Belinda.“Los padres biológicos no han roto mi vínculo entre nosotros”

Belinda Gutiérrez. “Yo me enteré de lo que era ser madre de acogida a través de la familia acogente de una alumna mía. Pasaron dos años hasta que decidí llamar, obtuve la idoneidad y en marzo de 2016 ya tenía a mi niño. Concretamente el 2 de marzo, ese día cambió mi vida para siempre, no sólo cambió en el tiempo que tuve al niño, casi dos años, sino que ha sido algo trascendental. El corazón se ensancha para siempre, cambia la forma de estar en el mundo, y la experiencia más feliz y agotadora de mi vida. Tanto mi niño como yo hemos tenido una suerte inmensa con la familia adoptiva que nos tocó, bendita familia !! Compasión y humanidad son las palabras , ya que han permitido que el vínculo siga existiendo con el niño, ahora yo soy su “tía Beli” , y nos vamos a ir juntos de vacaciones !!! Estoy muy feliz. La vida es muy generosa conmigo y doy gracias al cielo todos los días. Gracias a ti y mi niño que me diste el sol.

Agradecida infinitamente con la Dirección General de Protección a la Infancia y con Aldeas Infantiles y a mi niño”

Delia y Virginia: “Le abrimos la puerta a 2 hermanos de 2 y 3 años”

“Me llamo Delia Romero y junto a mi hermana Virginia, queremos contarles lo increíble que ha sido para nosotras, el acogimiento familiar. En 2014 comenzó una nueva aventura en mi familia, hoy seguimos viviéndola y disfrutándola cada vez más. Mi familia creció, y de la noche a la mañana, nos constituimos como familia numerosa espacial. Y recalcamos espacial, porque somos una familia de otra galaxia, educada en el respeto, la diversidad y el amor a los demás; al igual que el resto de familias acogentes, que son capaces de querer y educar a niños, de darles oportunidades de futuro reales y darles uno de los derechos más importantes de los niños, el amor de una familia, a cambio de mas amor y sonrisas.

Abrimos las puertas de nuestro hogar a dos pequeños hermanos, que con tan solo 2 y 3 años, nos envolvieron en su cariño. Ellos habían hecho mucho más, nos habían abierto su corazón.

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