Cuesta mucho creerlo

Marisol Ayala

Llevo un año buscando doce sentencias de procesos importantes en Canarias, legajos que guardaba para hacer un reportaje dada su repercusión social pero en ocasiones guardas algo tan bien que cuando lo buscas no lo encuentras. He revuelto cajas, cajones, etc., y no hay manera.

En esa búsqueda, primero angustiosa luego reposada, como asumiendo el fracaso, me he reencontrado con agendas y recortes de prensa que no recordaba. Pero las prisas de la profesión se tragan miles de historias que nacen hoy y mueren mañana. Total, que rebuscando me topé con una página de La Provincia, creo que uno de los primeros reportajes de mi vida. Lo tenía tan olvidado que al releerlo me pregunté cómo había podido borrar de la mente ese caso, pero, repito, el frenesí de la profesión donde todo es para ayer impide recrearte en nada.

Éste era el titular. “Un bebé abandonado en el baño de un bar de Guanarteme. Los dueños del local y la clientela lo atiende durante el día”. Alguien llamó para contar el caso. Debió ser a final de los ochenta, no lo podría precisar. Sin ser consciente de la gravedad de la confidencia fui al bar para confirmarlo. Los dueños estaban asustados, no sabían qué hacer.  Me mostraron el baño cuyo plato de ducha habían convertido en improvisada cuna con cartones y alguna prenda. Lo recuerdo perfectamente.

El bebé llevaba dos noches al cuidado de los propietarios y durante el día en brazos de los clientes, alrededor de la barra. Y papá de bar en bar. Tenía meses; pocos meses.

Lo tremendo fue cuando se supo que el padre quería vender a su hijo por 20.000 pesetas. Entonces varias personas nos pusimos de acuerdo para darle carrete y hacerle creer que un amigo se lo compraría. Eso nos dio margen para localizar a la madre, una pobre mujer y denunciar al golfo que se tragó la falsa venta, pidió un adelanto y se escondió en La Gomera. Allí lo detuvieron. Finalmente la criatura volvió a los brazos de su mamá. El caso acabó en los tribunales con un papá amenazador que encima reclamaba el bebé de manera que el día que los abuelos me pidieron que declarara en el juicio no lo dudé. Entre los dueños, los clientes y yo misma acabó en la cárcel.

Creo que fue el primer caso de venta de un bebé que se juzgó en Canarias, al menos desde 1985 para acá. Hoy sé que ha vivido con su mamá y es psicóloga.

Tenía ganas de contarlo.

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