Pablo y la radio

Marisol Ayala

Hace tres años apareció en Facebook un joven esquizofrénico que contó cómo se sentía, qué bullía en su cabeza, que ayudaba poco a su madre y que “algo raro me ocurre”. Pasaba meses sin conectar y de pronto aparecía. Supe de su enfermedad porque lo dijo él. Un día me pidió que lo llevara a la radio para contar lo que “escuchaba” en su cabeza.

Le dije a Pablo, que así se llama, que para ir a la radio tenía que hablar con su familia, pedirle permiso. Así lo hice pero el chico sufrió unas crisis y un día supe que el médico le ordenó dormir mucho. Es su mejor medicina. “Nada, desde que estés mejor me llamas ¿vale?” En eso quedamos. Hace poco me saludó un hombre joven, fuerte. “Hola, soy Pablo…” Me alegró verle. “Vine para decirte que ya he dormido mucho, que puedo ir a la radio. Lo prometiste”. Cierto. Tiene temporadas de normalidad, de orden. Entra en la redes con respeto; por ahí supo que a veces acudo a la radio y pensaría que podría contar su enfermedad y las carencias de la asistencia. Eso es lo que quiere denunciar. Un día hablé con su madre; estaba enfadada porque su hijo no ayuda en casa, algo importante para su terapia. Cuando hablamos le tiro de las orejas. Y se ríe. Es caprichoso.

A veces utiliza su enfermedad para chantajear. Es fácil dejarse llevar por un chico como Pablo. Sabe latín. Nuestras conversaciones son variadas, otra cosa es saber cuándo empieza y termina su cordura. Sabe perfectamente en que momento su cabeza comienza a “ponerse tonta”, dice. Es ahí cuando saca del bolsillo “una pirula”. Le comento el enfado de su madre porque a su hijo le cuesta salir de la cama, asearse o hacer los recados. “¿Te dijo que no quiero fregar la loza?”, pregunta. Le contesto, “está muy enfadada. Tienes que ayudar en casa, mamá está cansada”. A la semana me llama para “darme una alegría”, dice. Hizo su cama y fregó la loza. En su vida todo hay que celebrarlo como un logro inalcanzable. No es maleducado, no lo es, pero tiene días. Su deterioro físico es producto de su indolencia. Llevo dos años hablando con él porque sigue empeñado en ir a la radio para que se sepa “lo mal que lo pasan nuestras familias”. El tiempo y su estabilidad dirán. He mantenido con Pablo charlas coherentes, sin sobresaltos. A su ritmo. Sueña con ser escuchado.

Sería interesante.

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