Yo en tu lugar

Carla Sánchez

Todos los seres humanos tenemos problemas, el grado de complejidad o tamaño del problema, depende muchas veces de nosotros, otras por desgracia no, porque nos vienen dados como un regalo. Existen personas extraordinarias, capaces de sufrir la peor calamidad y tomársela con una filosofía envidiable, pero ya hemos dicho que son extraordinarias, distintas, como todos los seres humanos no existen dos iguales y por más que lo intentemos, podremos quizá imitarles y hacer más llevadero un quebradero de cabeza siguiendo su ejemplo, pero nunca ponernos en su lugar por completo, porque tarde o temprano volveremos a ser nosotros.

Pedro se lamenta mientras desayuna, es el joven más preparado de su grupo de amigos, de su calle, su barrio, su municipio y su promoción, sin embargo, no llega a final de mes. Es traductor, habla cinco idiomas, pero se queda sin habla de la vergüenza que le produce aceptar dinero de su madre todos los meses para aguantar hasta la siguiente nómina. Está sentado en el despacho de su jefe, pensando en cómo exponerle, que necesita o bien ganar lo que debería por el trabajo que hace (es traductor y está contratado como conserje), o al menos estar contratado por el número real de horas que hace, no para de tragar saliva, cuando su jefe entra, resoplando, enfadado con el mundo, le acaba de llegar el impuesto de circulación de uno de los tres coches de gama alta que tiene y le parece un robo. Mira desquiciado a Pedro, mientras se explica a duras penas y le dice:

  • Pedro, me pongo en tu lugar y te entiendo, estoy preocupado por todos los jóvenes, por mis propios hijos, que tienen tu misma edad y como joven y empleado me preocupas, las cosas se han puesto muy feas últimamente en todos sitios y en concreto en esta empresa, te confieso algo que me da hasta vergüenza decírtelo…ya no puedo ni salir a cenar los sábados, no sé qué disculpas darle a mi mujer y a mis amigos, imagínate si te entiendo…

El jefe de Pedro no se ha puesto en el lugar de nadie, simplemente lo ha verbalizado desde su silla, como yo, puedo decir y escribir al mismo tiempo ahora, supercalifragilisticoespialidoso y no soy Mary Poppins. Esta situación pasa millones de veces al día en el mundo y es hora de hablar de los grandes narcotraficantes de consejos.

Yo en tu lugar …

Todos podemos ser narcos, a veces sin darnos cuenta, otras subidos en el pedestal de que estamos repartiendo realidad y recapacitación a nuestros feligreses desde el púlpito, sin darnos cuenta de que cuando bajemos, somos como ellos, igual de vulnerables y si no sabemos cómo actuar si una avispa se mete en el coche, menos todavía, vamos a saber qué hacer, si, por ejemplo, nos diagnostican una enfermedad grave.

Yo los llamo narcotraficantes, porque hacen con los consejos lo mismo que ellos con la droga, los reparten a diestro y siniestro, pero nunca los usan para consumo propio. Siempre he creído y defendido, que los consejos no se dan, los consejos primero se piden, yo he pedido consejo muchas veces porque lo he necesitado y su uso me ha servido, por contra los que recibo diariamente sin demanda previa unas veces se los lleva el viento, otras me cabrean por el mismo título de este texto, no pueden ponerse en mi lugar y no son capaces de aceptarlo.

Marta es una mujer positiva, aparentemente puede con todo, es guapa, parece muy segura de sí misma y muy sociable, por lo que normalmente hace guarda y custodia de los problemas de sus amigas. Está escuchando llorar a Sandra, que sospecha que su marido, si no ha tenido ya una aventura, al menos está tonteando con una compañera de trabajo. Marta le coge la mano, la consuela y le dice:

  • Me pongo en tu lugar Sandra, tienes que sentirte fatal, pero tú vales mucho más que todo eso, lo que tienes que hacer es empezar a ignorarlo, pasar de él, salir con nosotras, que se sienta solo y sobre todo no obsesionarte con esto él sabrá lo que hace si te pierde.

Mientras se lo dice, está pensado que es jueves, el día de la semana en el que inexplicablemente Martín, su novio, tarda como una hora y media más en llegar del pádel, algún miércoles por la noche, se ha dado cuenta de que coge otra muda de ropa distinta a la de deporte y la mete en la bolsa, algún viernes repasa la ropa del pádel y se da cuenta de que no está usada, bueno realmente, hasta que hizo su tercer cambio de patrón de desbloqueo y no ha logrado averiguar el nuevo, se levantó de madrugada varias noches para leer el móvil de Martín y acertó a ver en las conversaciones que olvidó borrar, que es más que probable que los jueves quede con una compañera de trabajo, para jugar, pero no al pádel…pero Marta tiene pavor a quedarse sola, estar soltera es la peor de las ruinas y las fotos de Instagram y las muestras de cariño mutuas de los dos en las redes sociales quedan perfectas, más que nunca ahora, que está a dos meses de casarse. Marta no puede ponerse en el lugar de Sandra, porque todo lo que le está aconsejando, es precisamente lo que ella no es capaz de hacer. Además, ha usado las dos frases típicas de narcotraficante de consejos, “me pongo en tu lugar” y “lo que tienes que hacer es…”.

Incluso cuando alguien nos expone una situación muy parecida a algo que hemos vivido, podemos identificar rasgos comunes de la situación en sí, pero nunca, decir, que nos ponemos en su lugar, porque esa persona puede que sea, mucho más débil o fuerte que nosotros y además puede que, aparte de ese, tenga otros diez problemas más gordos, que no se atreve a contarnos. Esto se intensifica, si además lo que nos cuentan, no lo hemos vivido nunca, ahí sí que es imposible que intentes acercarte a cómo se siente esa persona, sin embargo, los narcos siguen al acecho e incluso en esas situaciones, tienen dosis para todos los gustos.

La vida es un plano tan personal, que te ha elegido a ti, para hacer los cálculos, porque sólo tú sabes hacerlos, podrás necesitar ayuda de otros, para algunas trazas, pero este edificio tienes que construirlo tú, si lo hace otro, será su edificio, no el tuyo y te sentirás incómodo cuando descubras que todas las habitaciones están decoradas a su gusto y no al tuyo.

Cuando escuchemos a alguien, seamos capaces de admitirlo: no sé cómo actuaría yo en tu lugar, porque no soy tu, pero pase lo que pase, llora, ríe, acierta y equivócate, todo lo que quieras, aprenderás tú y aprenderé yo.

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4 respuestas a Yo en tu lugar

  1. Dulce dijo:

    Hay mucha ligereza verbal. Aprendiendo siempre.
    Lo relatas maravillosamente bien.

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  2. Natividad Velazquez Perez dijo:

    Lo de hoy pasa de ser bueno.Creo firmemente que debes ser de otro planeta Carla si no es asi es que eres una elegida de un ser extraterrestre que hace de ti una de las personas más increíbles que conozco haciéndonos llegar este tipo de reflexiones de la manera más sencilla,clara y directa en este mundo insensible y loco.Genial prima.

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