Una herida de guerra

Marisol Ayala

Hablas con Pino Sosa, la mujer que durante más de 80 años ha buscado los restos de su padre, José Sosa Déniz, víctima de la represión franquista, arrojado al pozo de Tenoya en plena Guerra Civil y la alegría de su voz te devuelve a una mujer feliz, satisfecha de haber llegado a la meta; de haber hallado, al fin, restos óseos, antebrazo izquierdo y piezas dentales que una vez analizados por los genetistas confirmaron que era de José,  un humilde latonero del norte de Gran Canaria.

España entera sabe que Pino, fundadora de la Asociación para La Memoria Histórica de Arucas (Gran Canaria) tenía 40 días cuando en plena guerra civil los golpistas  sacaron a su padre de su casa y lo hicieron desaparecer; conocen su historia porque ella no se ha rendido jamás. Hace unos días la casa de Pino era una fiesta que se celebró con lágrimas silenciosas, los abrazos de sus hijos, y nietos, su inseparable Balbina, esa mujer, prima suya, que desde hace años la cogió del brazo y juntas han emprendido la búsqueda dura pero necesaria, de una manera especial por la mamá de Pino que murió preguntándose qué había sido de su marido. La tarde del lunes el equipo de genetistas esperó la llegada de Balbina para que fuera ella la encargada de darle la noticia. Nadie más adecuado. “Tengo una noticia, tranquila…han encontrado a tu padre…”, le dijo con tiento. Dice Pino que vio la felicidad en la cara de Balbina “pero hubo un gesto que me asustó”. Ellas, que han compartido durante décadas la batalla se entienden con los ojos. “¿Qué pasa, qué pasa?”, preguntó ansiosa. “Los huesos son los de tu padre; y entonces nos abrazamos y lloramos todos. Yo sabía que ese día llegaría”. El viernes lo contaba y se emocionaba durante el relato.

Pino está muy feliz pero lo estaría más si Baltasar Garzón, que tanto le ayudó acepta la invitación de asistir al acto de sepultura de los restos de su padre. Su presencia y la escritora de Almudena Grandes serían especiales. “Ella estaba escribiendo su libro el “Corazón Helado”; conoció nuestra historia y la incluyó. Sería un regalo.

Cuando le preguntas por el costo económico que ha supuesto el proceso judicial una frase describe aquellos momentos. “No teníamos para nada”. Su madre lo buscó en Madrid. “Cuando  veía a un hombre joven pidiendo se acercaba y le daba una moneda, era la excusa para verle la cara y saber si era su marido”.

Murió con esa pena.

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Una respuesta a Una herida de guerra

  1. ARACELI Rodriguez Pais dijo:

    Alegria por ella y magua por los que siguen buscando…El mar y las simas guardan demasiados cuerpos que nunca recibiran santa sepultura…Huerfanos y viudas a los que ni siquiera se les reconoce el status.

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