Vivir no es estar viva

Marisol Ayala

Hay momentos en la vida en los que no sabes ni qué hacer, ni qué decir; sí haces bien o haces mal. Hoy les quiero contar la experiencia de vivir tan cerca los problemas cercanos, dramas ajenos, ser de alguna manera una persona a la que sin proponérmelo unas docenas de ciudadanos desesperados con la vida destrozada me han convertido en su muro de lamentaciones. Hablo de personas, vecinos de esta ciudad, que han vivido situaciones durísimas. La vida los ha vapuleados con saña. No quiero ponerme dramática pero quería relatar esos episodios porque cuando algunas de esas personas me contacta para saber cómo estoy, algo me dice que no es más que una excusa para contarme lo mal que están ellos. Poco a poco me he ido alejando de un grupo mucho más amplio heredado de la profesión, porque la palabra no les basta. Como sabrán ni tengo la varita mágica ni soy Padre Dios así que con ellos mido las palabras.

La mayoría son mujeres. Aunque trato de poner distancia reconozco que me cuesta, no soy de piedra. Tengo limitaciones en los afectos y en el compromiso. Hace unos meses me llamó una de ellas. Hace tiempo que su existencia es un callejón sin salida, le cuesta vivir. Hacía tiempo que no escuchaba su voz apagada pero sé de su vida por whatsapp. Cuando hablamos la trato con efusión para intentar levantarle el ánimo; le hablo de lo que sé que le interesa. Ha perdido dos hijos adolescentes, así que poco más que explicar. Su devastación es cada vez mayor.

“Estoy pensando en quitarme la vida; aquí ya no tengo nada que hacer. No quiero vivir”, me confesó. No me sorprendió; así que conociendo su historia, su situación, no lo pensé dos veces y sin pensarlo le comenté lo que me salió del corazón. “Después de haber visto lo que he visto durante años si esperas que te convenza de lo contrario no lo haré. Hace tiempo que esa idea ronda tu cabeza así que lo tienes que decidir tú, amiga. No pienso ni debatirlo”, dije.  “Llevo años tirando de un hilo que se rompe” me respondió. No sé si hice bien o hice mal en todo caso contesté lo que pensaba. No oculto que pasé unos días preocupada porque no sabía de ella. Pienso que para vivir hay que estar viva y ella hace años que respira por inercia.

Semanas después me llenó el whatsapp de corazones y me sentí aliviada.

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