Indicios y certezas

Marisol Ayala

Dependiendo de la cercanía que tengamos con las víctimas de un suceso es el tamaño de nuestra implicación en el asunto. Siempre desarrollamos una empatía con los afectados sin otra evidencia que esa empatía; nos posicionamos a su lado con más fe que certeza. Los comunicadores no estamos exentos de esa conducta porque muchos tenemos, para bien o para mal, las mismas emociones. Les cuento. Hablo del matrimonio de Guanarteme a quienes les quitaron la vida y sus cuerpos aparecieron el agosto pasado, seis años después de la desaparición, en Temisas. Todos hemos sido testigos de la lucha de su familia, especialmente sus hijas, Miriam y Loli, de su lucha dolorosa y tenaz. Seis años de dolor y lágrimas. Esas hijas han tocado en todas las puertas buscando un hilo del que tirar pero los hilos eran débiles, se rompían. En esos años ellas y sus amigos han peinado la isla en busca de una pista. Cuevas, montañas, costas. Seis años en los que Loli y Miriam han hecho gala de gran fortaleza sorteándolo todo, hasta los rumores más dañinos y crueles posibles. Llevan días desesperadas desde que saben que hay un detenido señalado como presunto autor de la muerte de sus padres. La creencia y los datos que han ido conociendo no les deja resquicio a la duda pero no podemos olvidar, y ellas menos, que indicios no son certezas. Están esperando un dato, una prueba que puede ser definitiva para poner fin a su calvario. O no. Hace unos días hablando con Miriam intercambiamos lo que ambas sabemos de la investigación pero toca callar. Discreción. Los pasos se van dando y los wasaps especialmente son un peligro y dinamitar pistas pero han sabido manejar con destreza la situación, sus idas y venidas en busca de una pista. Cuando los medios demandan atención están ahí aunque a veces, lógico, pocos tenemos experiencias sobre asesinato de unos padres, derrapen. Hace unos días les escuché decir que el detenido “es el asesino, lo sabemos”, y me llamó la atención. Hasta que la investigación no concluya y se dicte sentencia nadie es asesino. Entendible la ansiedad de la familia pero los indicios sirven para tirar de hilos, no son certezas, insisto. Todos queremos que se sepa la verdad pero la investigación tiene su curso. Hay confidencias reveladoras que le han hecho a Miriam vía wasaps que van a jugar su papel. Otro hilo. Alguien le envía un escueto “es el culpable”.

Otro indicio, nada más. De momento.

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