Hermana, madre y novia

Marisol Ayala

Hace un año que Margara llegó a casa y segundos después de abrir la puerta la estancia se llenó de caras, globos, luces, risas,  emoción, gratitud. Margara es un ser especial; tiene 43 años. Creo que no hay muchas personas tan queridas como esta majorera enamorada de la música que con 18 años dio el paso más arriesgado de su vida: hacerse cargo de sus 6 hermanos, de 8 a 14 años por entonces-

Su madre había fallecido en un accidente dejando a los hijos en el desamparo momento en el cual el machote de la casa, papá, decidió que el mejor sitio para combatir su pena era el bar de la esquina. Total, que la figura paterna se desmoronó en menos de nada y sus hijos crecieron en casa de vecinos y con alguna tía que echaba una mano; pero, claro, alguien tenía que orientar, cuidar y mantenerlos en el día a día. Como el proceso más natural del mundo Margara se hizo cargo de sus hermanos, de sus estudios, de todo. No quería separarlos. Los niños le respetaban, un respeto que no recibía el padre que poco a poco fue alejándose de casa a la vez que un tío de Margara, hermano de la fallecida, 22 años, decidió ir a vivir con ellos. La familia se había enfrentado a la administración con las armas suficientes para que la posibilidad de ser declarados en desamparo se esfumaran. Eran un ejemplo. La artífice del logro, de mantenerlos juntos, ha sido Margara. El día a día era suyo sin olvidar, claro, que en aquellos años  la hermana mayor era una jovencita con las necesidades propias de una jovencita.

Así que por todo eso y por tanto como le deben podrían hacerle una fiesta diaria. Las merece todas. No permitir que se separaran los niños, para quitarse el sombrero. La fiesta sorpresa que le organizaron hace unos meses es una de tantas pero esta tenía sorpresa.  Los chicos, ya hombres y mujeres, la adoran, tanto como a la mujer con la que Margara comparte su vida desde hace nueve años. Una mujer que dice haberse enamorado de la familia entera. Veo fotos de la fiesta que me envía alguien, la misma que me cuenta la historia. Sus hermanos, ya mayores, la miran y abrazan. Una  mujercita despliega un cartel que dice “Gracias, “Mamá”. Otro abrió un sobre que le acredita como Psicólogo y dos niños, sus sobrinos, llegaron con las alianzas.

Ya se imaginan. Pronto tenemos boda.

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