La Espera

Carla Sánchez

Todos hemos esperado alguna vez en la vida, incluso ahora, espero que quede vino, porque me quiero servir una copa. Esperar es un arte, que no todos saben soportar y que depende del momento en que te encuentres, puede ser una verdadera pesadilla.

La puerta del portal, pesaba una tonelada, me costó empujarla, subí tres escalones y pulsé el botón del ascensor, mientras, entró alguien más, hizo mi mismo recorrido y sin cruzar ni la mirada conmigo, desechó mi espera por el elevador en el acto ¿No viene el ascensor? ¿Está roto?, pulsó el botón tres veces, dio un golpetazo en la botonera y para terminar la trama, se acercó a la escalera y gritó, ¡Cierren el ascensor!, obviamente, llegó cuando tenía que llegar, nos subimos, ahí me miró por primera vez y me dijo, probablemente advertida de la falta de decoro que supone que una aparente señora, entre en un portal como una unidad antidisturbios persiguiendo el flagrante delito del ascensor que tarda, “Es que se ponen a hablar en la puerta del ascensor y no lo dejan bajar ¿Sabes?, la gente es así”.

Creo que no llevábamos más de cinco minutos desde que entró pero sin duda, cerca de alguien así, eran una eternidad, miré el suelo de granito gastado mientras subíamos, vi sus pies junto a mis playeras, medias y zapatos de piel negra con un tacón demasiado alto para la edad que aparentaba, probablemente alguien totalmente negado a envejecer, envejecer, supone disfrutar de esperar y no era capaz ni de esperar el ascensor, bolso de firma, un olor penetrante a bulgari, un peinado impoluto de peluquería semanal y una manicura que obviamente delataba que no ha pelado un diente de ajo en su vida. Íbamos al mismo sitio, la dejé salir del ascensor y entrar delante de mi, entró como quien llega a sus terrenos para señalar exactamente donde quieres construir la casa:

  • Hola, vengo a ver al señor Muñoz, me está esperando.
  • Si señora (le contestaron), el señor Muñoz está reunido, siéntese por aquí y espere por favor.

¡Oh desgracia! La señora impaciente, tenía que sentarse a esperar como todo el mundo, yo pensé que correría su suerte, pero antes de posarme en el sillón, una cara conocida me dijo:

  • ¿Carla!?
  • ¡Hola!, contesté, ¿Te espero por aquí?

Abrió los brazos en señal de abrazo y la mueca de la sonrisa le subió ligeramente la montura de sus gafas de pasta por encima de los ojos, “¡Que dices muchacha, ven, pasa! Cuéntame que tal te va todo” …Cuando me fui, la señora de los tacones negros seguía allí sentada, indignada con el mundo y seguramente con el señor Muñoz y todos los usuarios de ascensores de España.

Yo he esperado a tener dieciocho para que por fin, no puedan decirme que no entro, esperé a los Reyes Magos con el estómago totalmente consumido de los nervios, pasé muchas horas en los pasillos de urgencias sentada en el suelo para llevarme a casa la peor de las noticias, no todas las esperas hospitalarias han sido malas, también esperé en la sala de espera del paritorio o incluso dentro y vi la vida venir, es una sensación que borra el cansancio de cualquier espera, esperé cosas de quien no me dio nada y no esperé nada de quienes me lo dieron todo, espero paciente el momento de vaciar la maleta que llevo llena de cosas que no son mías, esperé siempre ver las manos de mi madre sosteniendo a uno de mis hijos, ahora los que tienen que esperar son ellos o ellas, tengo muchas cosas que hacer antes de ser madre, me he repetido muchas veces la frase “espero no decepcionarles”, es complicado sorprenderme, pero también he dicho algunas veces, que “no me lo esperaba”. La vida es una sala de espera, a veces hay que actuar, otras no, siéntate y coge una revista, si puede ser de historia, mejor, así verás que fue valioso esperar a nacer para que pasaran tantas cosas. Lo mejor es entretenerte, mientras aparece el factor sorpresa, no esperar nada y esperarlo todo.

Lo siento, me fui por completo del origen de este texto, me encontré en tres momentos distintos con tres personas que me preguntaron cuando iba a volver a escribir, no lo hago desde hace meses y sin querer, yo también, les he hecho esperar…

Esta entrada fue publicada en Me gusta. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La Espera

  1. Natividad Velazquez Perez dijo:

    Absolutamente majestuoso Carla.Nuevamente merece la pena esperar por ti porque eres brillante y tu corazon se une a tu alma para plasmar historias que solo a ti se te pueden ocurrir.Me encanta .

    Me gusta

Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s