Yo nunca

Carla Sánchez

Manía; preocupación caprichosa y a veces extravagante por un tema o cosa determinados. Esta es la definición que da la Real Academia Española para esta palabra, por tanto pienso, que no somos supersticiosos, somos maniáticos.

Yo debía tener siete años, un vecino decidió hacer una colección de fotos antiguas del barrio de Arenales y sus familias y le pidió colaboración a mi madre que le bajó un buen montón de fotos a su casa. Cuando empezó a verlas, se quedó fascinado, para esa época muy pocas familias podía permitirse tener tantas fotos, “bueno Lolina, vamos a contarlas para que sepas cuantas me quedo para copiarlas”…..empezó a contar, una, dos, tres…..once, doce, trece, hizo una pausa, apartó la foto, se la dio a mi madre “esta no, el trece yo nunca lo cojo” y siguió contando, se las quedó todas menos esa. Al irnos, le pregunté a mi madre, por qué esa no la cogió…y mi madre que le daba igual atún que betún, me dijo “!boberías muchacha!”. Con el tiempo entendí que existían conductas pocos productivas que, en muchas ocasiones, no podemos evitar, manías, la foto era preciosa y de hecho la usé hace tiempo para un texto, una reunión de amigos jugando a la ronda en una azotea del barrio, fotografiados desde otra casa.

Uno de mis tíos, del que ya he hablado otras veces, odiaba la leche y todo lo que supiese o sospechase que podía contenerla, le era completamente imposible comer nada que tuviese leche, el café solo, nada de queso, nada de nata, etc.…cuando enfermó y empezamos a cuidarlo, dejó de comer porque estaba deprimido, preocupado, Antoñito, uno de sus hermanos, trajo un día cuatro yogures de limón de la tienda, cuando vio los yogures, se negó de pleno, “¡yo nunca he comido yogures Antoñito, tienen leche!”. Mi tío Antonio era muy ocurrente, nos picó el ojo para que le siguiéramos la jugada, pero Momo…como se nota que no sales de tu casa, ¿Que tiene la foto de la etiqueta?, ¡un limón majadero! Hace un montón de años que los yogures no se hacen con leche, sólo con fruta, miró el yogurt, nos miró a todos que asentimos sabiendo que estábamos construyendo una trola industrial, abrió el yogur y desde ahí, se comía cuatro al día.

Yo nunca pasaba por debajo de escaleras, ni andamios, alguien me dijo, que daba mala suerte y el futuro se tornaba negro, me lo dijo tan en serio que lo apliqué a rajatabla. Por esas tendría yo once años, subía la calle Pedro Infinito caminando con mi madre, veníamos de la dulcería La Tarta, de ver a tío Manolo e íbamos camino a ver a mi abuelo que vivía cerca. Había un andamio montado para arreglar los bajos de una fachada, tendría que pasar por debajo, lo sorteé porque tenía la total certeza de que si lo atravesaba me pasaría algo. En el cuarto piso de esa misma fachada vivía alguien que tuvo la feliz idea de colocar en el quicio de la ventana una maceta de barro con geranios, de repente sentí algo, que a día de hoy no puedo explicar, como si me teletransportase, miré al suelo y había una maceta rota en mil pedazos, tierra esparcida y mi brazo izquierdo colgaba como el de un papahuevo, la maceta había caído desde esa altura, en mi hombro. Mis huesos resistieron no se ni cómo, la recuperación fue durísima, el brazo vendado al torso dos meses y mi hermana haciendo malabares para curarme, pero lo más duro fue un dolor insoportable que no me dejaba ni de noche ni de día, al hacerme más pruebas, el traumatólogo puso mi radiografía a la luz, se echó las manos a la cabeza y me pidió que me levantase y caminase alrededor de su mesa, que me sentase de nuevo, que me levantase otra vez, se quitó las gafas y me dijo, “tienes afectación en dos vértebras, por menos de milímetros puedes caminar y no estás en silla de ruedas”, después de eso, aparte del torso vendado, también tuve que llevar collarín casi todo el tiempo. La vida me avisó, mi majadería podría haberme costado cara, por pura manía.

Tenemos que reflexionar sobre los “yo nunca”, una cosa, son las cosas que escapan a nuestra lógica y no podemos entender y otra muy distinta, las manías. Si pones el bolso en el suelo, no se va el dinero, se ensuciará, si te barren los pies te casarás igualmente, si ves un gato negro es porque pasaba por ahí, si duermes frente a un espejo por la mañana verás tu peor cara…y esto es un bajón a la moral, no una puerta a otra dimensión,  si dejas las tijeras abiertas, el riesgo de cortarte es el doble, el martes trece es un día y un dúo humorístico que marcó nuestras navidades, si se derrama sal, tendrás que barrerla, si tocas madera y el mueble es de Ikea, la llevas clara chaval, si te levantas con el pie izquierdo y maldices porque tendrías que haberlo hecho con el derecho, mejor da gracias, de contar con tus dos piernas.

Yo nunca pensé que escribiría y menos para Marisol Ayala…y aquí estoy….

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2 respuestas a Yo nunca

  1. J. Rolf dijo:

    Muy buen post! Quizás te guste alguna entrada de mi blog.
    Un saludo.

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  2. Natividad Velazquez Perez dijo:

    Una nueva historia contada solo como tu sabes.Siempre me trasladas a mi feliz infancia llena de maravillosos recuerdos y con la mejor familia que cualquier niño pudiera soñar.Feliz de pertenecer a ella y enhorabuena Carla.Espero que ese libro se haga realidad algún día porque tienes magia en tus dedos.
    Ya sabes que te quiero prima.

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