El chico del ascensor

Cuando has hablado con tanta gente a lo largo de la vida, cuando fugazmente has entrado en las vidas más variadas, recordar los rasgos de todos los personajes es imposible. Los tratas durante uno o dos días con el fin de preparar un reportaje y no más. Terminado el trabajo cada cual sigue su camino. En alguna ocasión, muy pocas, llaman para saber de ti o al revés. Es cierto que por las razones que sean algunos rostros se te quedan grabados pero son los menos. Al día siguiente ya estás en otra cosa.

Les cuento. Hace unos días entré a un ascensor amplio y cómodo de un centro comercial. Entre las personas que accedieron a la vez observé a un chico de unos 20 años en silla de ruedas al que cuidaba un hombre; todos hicimos hueco para ubicar al chico y a su padre. Los observé y seguí a lo mío. De pronto el hombre que venía con al muchacho, que sospeché era su padre, me miró y le vi sonreír, “¿no lo conoce?’”, dijo mientras señalaba al chico. Desconcertada y sorprendida porque el ascensor estaba lleno le dije un dubitativo “no…”. “Mírelo bien…” insistió. “Ahora mismo, ni idea, la verdad” concluí con firmeza a fin de dar por finalizado lo que yo creí que era una confusión. “Sí. Lo conoce pero no lo recuerda. Mire, la silla de ruedas que tiene es gracias a usted que denunció nuestra situación en el periódico. Por eso se la dieron”. Me vino un leve recuerdo y entonces no se me ocurrió mejor final que acariciarle la cabeza y decirle “Está hecho un hombre, eh!”, miré al papá luchador, sonreímos, se abrió la puerta y salí. Durante unos minutos mientras miraba unas prendas en el centro comercial recordé la escena pero no volví a recordarla hasta días después.

Cuándo hace dos o tres días me dio por colgar en Facebook el relato, muchos comentaron el gesto del señor. Y es que cuando te inclinas por el periodismo de la cercanía hablas con tantas personas a las que no vuelves a ver jamás, si acaso durante el tiempo que dure la batalla mediática, que los borras de tu cabeza. Aquí debió ocurrir así. Alguien me dice que tiene los reportajes guardados y ha prometido dejármelos. He podido recordar que la criatura vivía en La Paterna y nada más. Juro que ocurrió exactamente así, juro que no recordaba al muchacho y juro que esos gestos no tienen precio. No pensaba contarlo, pero hace tiempo que no me pido permiso. Viendo las malas noticias con las que cargamos cada día, esta por su sencillez, me parece una bonita historia.

Breve y bonita.

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Una respuesta a El chico del ascensor

  1. Loly Rivero dijo:

    Si señora…. muy bonita … gracias por compartir estas historias que dejan buen sabor porque tal como dices, estamos hartos de ver y escuchar solo desgracias… Hay que fomentar las cosas buenas porque si no, se nos va a terminar la ilusión !!!! Un abrazo amiga!!!!

    Me gusta

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