Eladia Canino: Su decisión fue vital para detener al asesino de su hermana

Uno de los sucesos de violencia machista más terribles que han sucedido en Canarias ocurrió en el Camino de la Hornera, San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) el 21 de marzo del 2009. Una mujer asesinada y enterrada en una fosa séptica. Estos días se cumplen ocho años de aquella barbarie.

Recupero hoy el suceso por el impacto social que aquel asesinato causó, en recuerdo de la infeliz Isabel y para destacar el valor de su hermana Eladia.

La víctima se llamaba Isabel Canino, tenía 37 años y Eladia, su hermana, tuvo claro desde el primer momento que el asesino estaba en su entorno.  No paró hasta encontrarlo.

Isabel Canino Rivero

El asesinato de la única hermana de Eladia Canino Rivero, Isabel, 37 años, cuyo cuerpo sin vida fue hallado en la fosa séptica de una casa situada en el Camino de la Hornera, número 60, en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), propiedad de quien le acosó y maltrató hasta la muerte, convirtió a Eladia, hoy 51 años, en su voz, en su memoria, en sus puños; en la mujer que sigue luchando para que la crueldad que sufrió su hermana no caiga en el olvido. Cuando se cumplieron tres años del asesinato estuve con ella en su casa de La Laguna. El suceso conmocionó a la opinión pública por la crueldad empleada por el asesino, Salvador Alberto Morales Méndez, de 54 años, el hombre que había sido pareja de Isabel durante 17 años, hoy en prisión cumpliendo 19 años de condena por asesinato con alevosía. Los 72 días previos al hallazgo del cadáver fueron seguidos con expectación; búsquedas infructuosas, puerta a puerta, hasta que las investigaciones se encaminaron a la fosa séptica de la casa de La Hornera que desde el primer momento Eladia señaló con firmeza: «Mi hermana está enterrada en esa fosa, búsquenla». Eladia llevó a cabo tal labor de investigación desde que supo de la existencia de una fosa séptica que incluso íntimos del asesino desconocían. «Es más», recordaba entonces en Tenerife, «supe que él le había comentado a una persona que si un día tenía algo que esconder lo metería ahí, en ese agujero». Fue en la tercera inspección a la casa señalada cuando la Guardia Civil halló el cuerpo de la joven en el lugar donde había apuntado su hermana. Por fin aparecía la fosa. El relato que la sentencia hace de ese instante es espeluznante: Salvador la asfixió, la metió en la fosa séptica y la selló con cemento. Esa losa de hormigón hubiera servido para ocultar eternamente el cadáver de no haber sido por la tenaz Eladia que no desistió en su empeño.

Eladia Canino se convirtió en portavoz de la familia desde que Isabel desapareció el 21 de marzo de 2009 la cual no sería encontrada hasta 72 días después.  En el juicio fueron citados más de un centenar de testigos, compañeros de Transportes Interurbanos de Tenerife (Titsa), donde trabajaban tanto Isabel como Salvador, decenas de vecinos, testigos durante años de la tormentosa relación que la víctima y el acusado mantuvieron así como los trabajadores de la cafetería en la que se vio a la pareja por última vez, el sábado 21 de marzo de 2009 y obreros que trabajaron en la construcción de la fosa de la Casa del Camino de La Hornera en la que se halló el cadáver.

Fue el espíritu luchador con el que Eladia salió a la calle durante los dos meses y pico organizando la búsqueda y con los ojos muy abiertos lo que culminó con la detención de Salvador. Eladia Canino así como la mayoría de las amigas de su hermana sabían que Isabel sufría malos tratos físicos y psíquicos desde hacía años “pero el amor es ciego y ella no quería ver más allá”, me contó aquel día.

Uno de los episodios más violentos que Eladia recuerda del infierno de su hermana se produjo una noche “cuando Isa corriendo desde su piso, en pijama, llegó a mi casa llorando, asustada; tenía en el cuello una marca enorme. Mi hermana me dijo que Salvador había intentado matarla poniéndole una bolsa en la cabeza con intención de asfixiarla”. Ese hecho ocurrió en 2008 apenas unos meses antes de que finalmente acabara con su vida.

Tras recordar aquel momento Eladia guardó silencio y retomó la conversación. Si lo que acababa de contar era un hecho muy preocupante, lo que a continuación reveló hiela la sangre: “Mira. Mi hermana se pagó la que más tarde sería su tumba”. Y así lo explicó. Contó que en el verano de 2008 un año antes de matarla, Salvador le pidió un préstamo a Isabel para poder acometer obras en la casa del Camino de la Hornera. “Primero fueron 9.000 euros y semanas después unos 15.000 más. En total, 24.000e para el acondicionamiento de la vivienda porque tenía pensado alquilar la parte alta a estudiantes. Esa obra sería su tumba”, contaba.

Ella cree que el asesino de su hermana actuó con premeditación, que ya había decidido terminar con la vida de Isabel y ocultar el cadáver bajo el piso del inmueble próximo al Campus de Guajara. Lo cierto es que tanto Salvador como las personas a las que contrató para la obra “excavaron una fosa séptica de pequeño tamaño que se comunicaba con el pozo principal que ya tenía la casa”.

El nuevo foso quedaba justo debajo de la alcoba principal, en la planta baja. En aquella habitación, situada encima de donde Isabel estaba enterrada, Salvador pasaría muchas noches a sabiendas de que en el piso bajo yacía el cuerpo de una mujer con la que había compartido 16 años de vida.

La idea de ocultar el cuerpo de Isabel en la fosa séptica para camuflar los olores que desprende la descomposición de un cadáver pudo estar detrás de una premeditación ya fijada cuando el asesino planteó la construcción de la doble fosa séptica tal y como apuntaron los investigadores de la Brigada de Policía Científica.

Eladia dice ser “creyente y he rezado muchas veces para agradecerle al Señor que la encontráramos donde apareció ya que así se pudo conectar el crimen con su asesino”. Si el cuerpo de Isabel se hubiera encontrado en medio de un barranco o en cualquier otro lugar “hubiera sido difícil vincular los hechos con Salvador pero al aparecer en su propia casa, en una obra en la que él mismo trabajó, ya habían suficientes indicios para imputarlo”.

Salvador Alberto Morales Méndez

Cuando recuerda cómo era la relación entre Isabel y Salvador, Eladia sostiene que el asesino “siempre ha sido un cínico y un manipulador de mucho cuidado”. Su hermana Isabel lo conoció cuando ella tenía unos 20 años. “Era un hombre que tenía mucha labia y sabía manipular a mi hermana; lo hizo siempre que ella le planteó abandonarlo que no fue solo una o dos veces. Isabel lo intentó en muchas ocasiones a lo largo de los años pero él siempre terminaba por convencerla para que no diera el paso. Ejercía un gran poder sobre mi hermana, una mujer que estaba enamorada de un hombre que no le correspondía pero que tampoco quería dejarla libre”.

Cuando apenas habían pasado las primeras cuarenta y ocho horas de la desaparición de Isabel Eladia, contactó por teléfono con Salvador para preguntarle si sabía dónde podía estar Isa. Recuerda que la contestación que le dio Salvador ha sido una de las cosas que más daño le ha hecho. Llamó y le preguntó si la había visto. Le contestó que no la había visto ese día y que no sabía dónde podía estar pero que, en caso de verla por el trabajo, le diría que la llamara. “Además, me dijo que hacía por lo menos una semana que no la había visto. Mentía. ¿Cómo se puede ser tan cínico?”, se preguntaba.

Con la denuncia ya presentada nuevamente contactó con Salvador. Ella había hablado con compañeros de trabajo en Titsa y por ellos supo que lo que le había dicho Salvador no era cierto: “Habían visto a mi hermana y a Salvador la noche del viernes, cuando ya había terminado su turno de trabajo. Algunos compañeros vieron asimismo cómo hablaban y me comentaron que Salvador llegó a forcejear con Isabel en las cocheras”.

Cuando llamó de nuevo a Salvador para hablar de esos datos y pedirle explicaciones sobre los motivos por los que horas antes le había ocultado este episodio, el ahora condenado lejos de buscar una excusa o desmentir lo que habían contado sus compañeros de Titsa amenazó a Eladia con un “ten mucho cuidado”.

Esa fue la última vez que Eladia cruzó una palabra con Salvador. Subrayó que él nunca se presentó voluntario a declarar” en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de La Laguna como dicen. “Es mentira, lo hizo porque sabía que yo no me iba a quedar callada y que contaría todo lo que sabía: lo que me habían dicho los compañeros de Titsa y las amenazas que me lanzaba. Así que no creo que le quedara otra alternativa que ir a hablar con la Policía antes de que lo fueran a buscar”.

Debido a las contradicciones de Salvador en su declaración ante la Policía sería detenido durante 48 horas hasta ser puesto a disposición judicial. Cuando le comunicaron que estaba detenido su actitud de colaboración se transformó en el silencio.

Durante los 72 días de búsqueda, la esposa de Salvador y sus hijas defendían que él no tenía nada que ver en el asunto y de hecho lo arroparon. Pronto se sabría que ellas, tanto su esposa como sus hijas habían sufrido la mano dura de Salvador, tal y como revelaron entonces fuentes policiales y que Eladia pudo confirmar.

A Eladia le llamó la atención que mientras buscaban a Isabel, “a Salvador se le viera acompañado de su mujer en varias ocasiones, cosa que antes no hacía”. De hecho asegura que “la mayoría de los compañeros de mi hermana y Salvador en Titsa, desconocían que éste estuviera casado y tuviera hijas. Solo conocían la relación de mi hermana con él, hasta que terminaron”.

Salvador Alberto Morales Méndez cumple condena de 19 años de cárcel en Tenerife II.

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