Trabajar como esclavos

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Ya sabemos que tener un trabajo hoy se ha convertido en el tesoro más preciado, a veces más que la salud. Trabajadores que acuden a sus puestos no en las mejores condiciones de salud a sabiendas de que a la primera baja, primer embarazo, primera jaqueca, el empresario te pone en la calle con solo mover un dedo. Fuera. En España la política del PP/PSOE ha puesto en bandeja los atropellos laborales más grandiosos; empresarios sin piedad que por tres euros la hora tienen empleados trabajando de sol a sol porque, gran frase, “es lo que hay”. Esos saben que a ellos y a sus atropellos, nadie les tose.

¿Que un joven acude a su trabajo después de sufrir una hemorragia nasal? Nada, que entre al baño y se lave la camisa. Que cumpla lo que pueda y a otra cosa. ¿Que una mujer está en el postoperatorio? Que se incorpore “y no haga esfuerzos”. Ya sabemos que las bajas son un riesgo y que el pescado grande se come al chico.

Pero lo que he contado no es nada para lo que desde unos meses sufre un hombre de Las Palmas de GC para no perder su empleo. Para empezar no conozco a nadie que tenga tantas enfermedades juntas y que al tiempo haya combatido la vida como un campeón. A nadie. Está trasplantado de dos órganos, flaco como una flauta y en ocasiones se deprime, especialmente cuando recuerda que tiene 52 años y una vida demasiado dura. Lleva décadas luchando por vivir y después de los trasplantes se vino arriba. Nunca quiso utilizar su enfermedad para lograr un empleo y hace nada estuvo ingresado. Sus órganos se rebelaron contra un trabajo inapropiado para un cuerpo débil como es el suyo. Cuando el empresario conoció la gravedad de su diagnóstico optó por la brillante idea de trasladarlo de Las Palmas de GC, donde vive, al Norte, para cubrir al vigilante nocturno de una residencia, “allí estarás tranquilito”. Por mucho que explicó que sus médicos no le permiten ni conducir ni trabajar de noche, ni caso. “A ver si sale algo mejor, espera”. Sin piedad. Noche en vela, frío y hundido. Mi amigo lleva una semana en una unidad de psiquiatría. Ese empresario pone en peligro su vida.

Malditos sean los que le han permitido tanto a tantos.

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