Un culebrón en el salón

Marisol Ayala

Hace unos días estuve en La Palma. Ojalá que la especulación no active nunca la piqueta en esa preciosidad. Ojalá. Hacía seis años que no iba y me volvió a enamorar. La Palma es como ese chiquillaje adolescente al que recuerdas con simpatía. En fin, la cosa es que una familia palmera a la que no conocía quería contarme lo que ellos calificaron de algo delicado. A golpe de teléfono me dieron pistas sobre “el asunto” algo que para mí se convirtió en un pequeño misterio. El tiempo pasaba y el bucle de dimes y diretes se eternizaba. Escuchaba testimonios enrevesados que disparaban acá y allá, pero no tenía un solo documento que avalara lo que contaban. De tal manera que llegamos a la conclusión de que lo mejor sería vernos las caras, reunirnos y poner las cartas boca arriba. Como digo, ya tenía alguna pista, pero solo eso, es decir, nada. Un amigo común les facilitó el contacto y comenzamos a comunicar a cuenta gotas. Había tres personas cercanas a los 85 años, hijos, nueras, nietos y yernos. Ya tenía curiosidad por saberlo todo así que trece personas nos reunimos en una casa de La Palma, amplia, fresca, cómoda, con piscina a la salida de la cocina y el olor a paella que lo inundaba todo.

Estaba tan intrigada que una vez hechas las presentaciones y tener claro quienes llevaban la vara de mando, dos mujeres mayores, 72 años, pregunté ya en la mesa. “¿Qué hago yo aquí?, ¿para qué me quieren?”, preguntas mágicas que activaron a borbotones sus mentes, sus lenguas, sus manos, todo. “Queremos que escriba la historia de la familia, pero la historia de verdad, no la que nos hemos han inventado…”. Esperaba todo menos eso, es decir, hijos que no son hijos legítimos, hermanos que tampoco lo son, padres de hijos y sobrinos a la vez.

Escuchando lo que escuchaba no sabía dónde fijar la mirada así que saqué la pluma y me dediqué a hacer trazos en un folio. Aquello era un rebotallo de familia. No entendía nada, pero había una bala en la recámara y la dispararon: “Queremos que la cuente desde los bisabuelos hasta hoy, que cada uno sepa lo que lleva a la espalda, su herencia. De donde viene y a donde van. Los viejos quieren morir en paz; que todos conozcan una verdad, tal vez hasta delictiva, que se silenció durante años. Daba miedo”.

Gran culebrón, pero ¿para qué publicarlo?

No sé…

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Distinto

Carla Sánchez

¡Era malísimo!…ya no sabíamos que hacer con “niño” porque hasta dos y tres veces, quitaba el filtro de la lavadora mientras la madre ponía una colada, “mariquilla” no, mariquilla era buena, mis padres le decían “preciosilla” y siempre se la querían quedar, con niño, no tanto…porque no paraba quieto. Luego llegó “sioli”, que también era muy buena, aunque se peleaba con niño todos los días y el “tili”, que era un machango, por eso las hermanas le decían “machangón”. Con estas palabras me describió a sus hijos, el último día que le vi en su casa, discutiendo cada diez segundos con su mujer por el turno de palabra, como pasa siempre en las parejas inseparables. Obviamente, esos no son los nombres de sus hijos, pero es que Antonio era el rey de los apodos y así lo hizo con sus hijos, sus nietos y todo el que se cruzase más de una vez por su camino.

Antonio Domínguez Domínguez, mayor de cuatro hermanos, corpulento, bromista y contador profesional de historias, tenía anécdotas de todos los colores. Compartió su vida con Mari Carmen, un bombón, que ahora lo recuerda todos los días y a todas horas, porque más de cincuenta años han pasado, desde que fue con su hermana Ana, a los grandes almacenes “Cardona” en Triana, a conocer al hijo de Panchito y de ahí no hubo reverso, era la espalda más grande del Mercantil cuando iban a los bailes, perfectamente encajada en su traje de chaqueta, se enamoraron, se casaron y formaron una familia.

Antonio Domínguez Domínguez

Para cuando yo conocí a Antonio, contaba victorioso, como escapó de la parca sin tener aún los cincuenta, le dio un infarto fulminante bailando “abusadora” un carnaval, quizá porque era carnaval y por su propia guasa, San Pedro se lo tomó a risa y lo dejó volver, tenía muchas cosas que hacer, entre otras, ser el chófer oficial de todo nuestro grupo de amigos y hacer la mejor tortilla de canarias, de la que mínimo caía una en cada acampada que hacíamos, te explicaba muy serio como freía las papas a fuego lento y separaba yemas de claras….y al batirlas, ¿tú ves este brazo? (ponía el brazo el modo culturista), ¡toca aquí!….esto es un brazo de un hombre sólo eh….

Me llamaba, haciéndose pasar por una cita médica, cuando me agobiaba porque no tenía donde apuntarlo, le daba un ataque de risa…objetivo conseguido. Podíamos pasar mucho tiempo hablando de recetas de cocina, de anécdotas de aquellos tiempos en que La Pepa cruzaba Triana y seguía abierto el cine Hermanos Millares. Creo que lo que le gustaba de mí, era que pese a no vivir ninguno de esos días, parecía que había estado, le gustaba eso y que compartía su afición por los puros y por la cocina canaria ancestral, esa en la que te dejas el túnel carpiano hecho un cristo con el mortero y vigilas un baifo al fuego tres horas como si fuese un diamante.

Todavía no sabemos cómo, pero se fue….de una forma muy rápida, la vida dejó a su familia apenas sin margen para asumirlo, no tuvo margen su familia y tampoco lo tuvo él, que me pidió caracoles a escondidas en el hospital, para cuando saliese, yo se los prometí, pese a que sabía, que tenía pocas posibilidades de cumplir mi palabra, la vida, no espera por nadie, eso ya lo sabemos todos, por Antonio esperó una vez, pero una y no más. Este texto se llama “distinto” porque era su forma de llamar a casi todo el mundo… ¿Qué pasó distinto? ¿Cómo estás distinto? Y no creo que fuese casualidad, distinto es quien labra en vida una familia, que te acompaña hasta el último segundo sin soltarte la mano, recordándote anécdotas al oído, poniéndote Compay Segundo, distinto es quien pide que sus cenizas reposen para siempre bajo un limonero, distinto es quien está contando chistes, riendo y encajando algún apodo nuevo hasta sus últimos días.

Cuando me subía en su coche, siempre observaba lo mismo desde el asiento de atrás, ya le quedaba poco pelo y tenía en el cuello las arrugas de un hombre vivido, pero los llevaba perfectamente peinados, simétricos, unos ojos tan claros, tenían que ir en concordancia con todo lo demás, era un hombre presumido y si alguna vez se despistaba, su mujer se encargaba de engalanarlo, aunque fuesen al mercado.

Irnos es ley de vida, pero no por ello deja de ser un golpe, supongo que nada más poner un pie en el cielo, Ma`Moncha y Pa`Pancho, sus padres, lo habrán abrazado con todas sus fuerzas, pero aquí dejó un hueco, que su familia llena con sus recuerdos, casi todos, son bromas y chistes.

Quiero con este texto, recordarles la importancia mientras vivimos de sembrar en vida como agricultores para luego recoger y no menos importante, para cuando somos destinatarios de la cosecha, no olvidarnos de quien se dejó la espalda para que seamos lo que somos, hay muchas personas solas en los hospitales, en sus casas, en la vida……que sembraron por nosotros.

Antonio no era mi padre, era mi suegro, pero me trató siempre y desde mucho antes de serlo, como una hija. Mi recuerdo para él y mi abrazo para la familia Domínguez Santiago que me recordó a la mía propia y lo acunó hasta su último aliento.

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Una portada con el cantante que mató a la actriz Marie Trintignant

La revista ‘Les Inrockuptibles’ se disculpa tras la oleada de críticas por dar protagonismo a Bertrand Cantat, que acabó con la vida de su novia a puñetazos

Silvia Ayuso. El país

Si hay algo que ha mostrado el caso Weinstein es que la tolerancia ante los abusos de hombres contra mujeres está llegando a su límite en muchas partes del mundo, como en Francia. En plena oleada de revelaciones sobre los actos cometidos por el productor estadounidense durante décadas, que también afectó a actrices francesas, la revista cultural gala Les Inrockuptibles ha  tenido que pedir disculpas por dedicar su portada de la semana pasada a Bertrand Cantat. El cantante es el líder del icónico grupo de rock francés Noir Désir. Pero también es el hombre que mató a puñetazos hace 14 años a su novia, la actriz Marie Trintignant, un crimen por el que fue sentenciado a ocho años de prisión —cumplió solo la mitad de la condena— y que le ha convertido en un símbolo del maltrato en este país, donde 123 mujeres murieron por violencia machista el año pasado.

El músico francés Bertrand Cantat, en el juicio por el asesinato de Marie Trintignant, en 2004.

Las críticas a Les Inrocks, como se conoce popularmente a esta revista emblemática, han sido abrumadoras. Lectores, pero también artistas y políticos han lamentado públicamente una decisión editorial considerada como banalización de la violencia de género. La secretaria de Estado para la Igualdad, Marlène Schiappa, que acaba de anunciar su intención de legislar para multar el acoso sexual en la calle, lanzó un iracundo tuit criticando la portada poco después de su llegada a los quioscos. “¿En nombre de quién debemos apoyar la promoción de la persona que asesinó a Marie Trintignant a puñetazos?”, se preguntó, y agregó: “No hay que dejar pasar algo así”.

La exministra socialista de los Derechos de las Mujeres Laurence Rossignol fue más allá y reveló un detalle que a muchos les había pasado desapercibido: junto con la revista, tapando parte de la portada dedicada a Cantat, se ofrecía un CD con varios autores, entre ellos el polémico rapero Orelsan, denunciado ante la justicia por incitación a la violencia y que en uno de sus temas canta “Te voy a marie-trintingner”, en referencia a la muerte violenta de la actriz, hija del actor Jean-Louis Trintignant.

“Vergüenza de revista”, condenó Rossignol la portada combinada, mientras el grupo feminista Femen se preguntaba: “¿Cómo se puede glorificar a un asesino que ha cometido un feminicidio cuando se sabe que una mujer muere cada dos días y medio a causa de los golpes de su compañero?”.

Les Inrocks mantuvo su silencio. Hasta que este martes, la revista Elle dio un golpe de efecto al dedicar su último editorial, “en nombre de Marie, a todas las mujeres víctimas de la violencia de los hombres”. Sobre una foto a toda página de Trintignant, la revista sostiene que la fallecida actriz es un “símbolo” de todas las mujeres que cada año mueren a manos de un hombre.

Marie Trintignant

“Marie Trintignant, no te olvidamos. Hará falta más que la mediatización obscena de Bertrand Cantat (Les Inrockuptibles del 11 de octubre) para apagar tu llama”, promete la revista en su editorial. Poco después, Les Inrocks, que ya en 2013 fue cuestionada por dedicarle otro artículo al cantante, adelantaba en su web su propio editorial, que sale también en su último número, llegado este miércoles a los quioscos. Bajo el título A nuestros lectores, la revista explica que lleva días discutiendo a puerta cerrada las fuertes reacciones a la portada, que han llegado a “perturbar” a sus redactores, y reconoce que es “discutible” haber puesto en su portada a Cantat.

“A aquellos que se hayan sentido heridos, les manifestamos nuestra sincero pesar”, señala la revista, que asegura que seguirá desde sus páginas “luchando contra la violencia contra las mujeres” y a “seguir cada día el trabajo de la destrucción de una dominación masculina que aplasta a las mujeres (…) y a transmitir las ideas feministas, como siempre se ha hecho”.

Para la redactora jefe de Elle, Katell Pouliquen, es un poco too little, too late (demasiado poco, demasiado tarde). “Son lamentaciones, no disculpas”, dijo en la emisora France Info. Según Pouliquen, no se trata de crucificar a un hombre como Cantat, que ya ha cumplido su condena por su crimen, sino de dejar las cosas claras. “La idea no es pedir la desaparición de un hombre, él tiene derecho a vivir su vida como quiera, pero no desde la portada de una revista”.

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