Chavela en el Galdós

Marisol Ayala

“No mires al pasado, mira al frente”, esa más o menos es la frase que da inicio el documental “Chavela”, retrato de su vida intensa, valiente, digna, tierna y especialmente dura. Un admirador de La Vargas me alertó sabiendo como sabe que fue y siempre será una de mis debilidades. Hay que ver cómo son las cabezas, al menos la mía; viendo el documental, emocionada y rabiosa, la sentí tan cercana, tan directa, tan pícara que de pronto aquellas manos rudas, aquellos ojos grisáceos, aquel pelo fuerte y cano, aquel poderío me llevó a una noche que tenía completamente olvidada. Les cuento. Cuando en el documental relatan cómo a la gran Chavela joven, guapa y seductora su Méjico natal la despreció por ser “mala mujer”, es decir, lesbiana, alcohólica, una descarada que seducía a las mujeres de los Ministros que se rendían a sus encantos, casi nada para la época en un Méjico tan grandioso como machista, también contaron que a La Vargas no la contrataban en Méjico; la misma sociedad dejaba desierta las butacas desde que se anunciaba una de sus actuaciones.

Chavela Vargas

La primera vez que Chavela cantó en un teatro fue en Paris si la memora no me falla. Y fue ahí, en ese punto cuando de pronto recordé conmovida una noche de octubre de 1993 en el Teatro Pérez Galdós. Ella actuaba en los actos de Iberoamérica 93 y sin saber apenas de su historia, de su leyenda, fui a cubrir el recital. Ni el Pérez Galdós era el de hoy ni yo soy la de ayer. Vi la actuación detrás del escenario donde minutos antes sus músicos reían, repasaban y afinaban. La escuché del brazo de Pepe Dámaso que entró en el camerino y me presentó. La estaban maquillando. Ya se escuchaba el murmullo del teatro llenó. Ella miraba y reía. Me llamó la atención ver un nutrido grupo de admiradores que le dieron la bienvenida en la trasera del Pérez Galdós. Vimos la actuación, yo por primera vez en mi vida, cautivados por ese poderío y sensibilidad. El querido Pepe tal vez lo recuerde o quizás Manolo González que algo tuvo que ver en la presencia de Chavela en Las Palmas. Manolo tenía preparada una cena con un reducido grupo de amigos para agasajarla al terminar su actuación. Me invitó pero no recuerdo haber ido y si estuve fue apenas nada. En fin, lo que daría hoy por una imagen de aquella noche con ella.

Momentos mágicos que se nos escapan.

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Enfermos despreciados

Marisol Ayala

Enfermos oncológicos, a 40 grados en el Hospital Universitario de Canarias

Profesionales y familiares de enfermos recogen firmas y solicitan a la dirección del centro que mejore la situación

Cuesta creer que a estas alturas del siglo, con una sociedad globalizada, con espectaculares avances en todas las área de la vida en Canarias unos enfermos, léase mentales, léase afectados de Alzheimer u oncológicos se vean obligados a gritar el trato deficiente que reciben por parte de una administración que sigue haciéndose la coja para que la carguen. No es de recibo y cuesta creer que ayer, hoy, mañana, sigamos viendo a gente enferma o denunciando carencias que les cuesta la vida. Creíamos muchos por aquí que ese tipo de quejas tan sangrantes como vergonzantes habían quedado atrás. Ilusos. ¿Mala gestión o poco presupuesto?, la eterna pregunta, el debate que nunca acaba. Hace unas semanas eran los enfermos del Hospital Universitario de Tenerife los que se quejaban de las altísimas temperaturas que sufren en la última planta del centro médico. Un escándalo.

Trabajadores y familiares de pacientes de la última planta del Hospital están recogiendo firmas para denunciar los 40 grados que se han dejado sentir en los últimos días en la planta, donde no hay aire acondicionado, según la Ser. La “solución”, dice que dicen, pasa por cerrar las persianas, convirtiendo las habitaciones de pacientes oncológicos (muchos de los que allí están ingresados) en auténticas cuevas.  Una auxiliar de enfermería que denunció el caso en la Cadena SER asegura que “lo habitual es que sean los propios familiares los que lleven ventiladores para poder sobrellevar de alguna manera la situación”.

Hospital Universitario de Canarias

El Sindicato Médico de Tenerife se “encuentran estudiando” la situación, que afecta, tanto a las condiciones laborales de los sanitarios, como a los pacientes, sobre los que su delicado estado de salud puede además incidir. Levy Cabrera, portavoz del colectivo médico alertó hace unos días que unos de los golpes de calor ” podrían acabar con la vida de estas personas”. Desde la Gerencia del Hospital, María Soledad Pastor, lamenta la situación vivida en las últimas jornadas, aunque se muestra “sorprendida” de que se estén recogiendo firmas si no ha tenido constancia de quejas previas. En cualquier caso, asegura que el centro ofrece ventiladores a los usuarios y, además, está previsto un plan para instalar una serie de paneles en la planta 10 impar (donde más afecta el sol) que la aísle del calor. Pastor vive en otro mundo como casi todos los políticos. Decir que le sorprende la recogida de firmas en protesta “cuando no ha habido quejas previas” es el retrato más frívolo e irresponsable de una política, en este caso de la Consejería de Sanidad. Un insulto a los que están batallando por vivir, que no es poco. Todos creemos siempre que respecto a Sanidad nada supera una mala noticia. Error, error. Nos superará la siguiente. Los gestores con hacer públicas cifras de reducción de listas de espera creen que ya tienen la aprobación de ese ciudadano que aguarda una atención especializada, que se eterniza, que busca al cirujano que el sistema sanitario público invitó a ponerse en la calle por eso que se llama celos, envidia, incapacidad de gestión en suma.

Que la población canaria tenga el amargo récord de ser la que más diabéticos suma por metro cuadrado y se escatimen inversiones en hábitos de vida que mejore la calidad de vida de tantísima gente, sonroja. Como igualmente sonroja cuando los médicos, los expertos, convocan una macro reunión para informar a la población “lo importante y saludable que es comer pescado y verdura”. Se quedaron calvos. Lástima caramba que esos mismos expertos tan trajeados ellos no convivan un día, uno solo, con un diabético que tiene, pongo por caso, una paga de 800 euros -lujazo para un pensionista- y observara que en ese escenario esa dieta es una quimera. Un día algunos nefrólogos del Negrín hicieron pública una propuesta que quedó en eso, en una propuesta con altavoz. Decían que al sistema sanitario de Canarias le está costando mucho dinero los enfermos diabéticos -problemas renales, amputaciones, etcétera- por lo que aconsejaron distribuir entre la población más afectada una alimentación adecuada como vanguardia de la medicina preventiva. Pero eso, como tantas otras cosas, se lo llevó el viento. Flor de un día. Pero, como ven, la verdad de las cosas no se puede esconder demasiado tiempo bajo la alfombra o tapar el sol con un dedo. Imposible.

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Las canteras. ¿Quién cuida la playa?

 

Cristina Molina Petit

Los apuestos mozos de la llamada Policía Turística están cambiando sus bicicletas por esos vehículos a los que llaman “segways” asaz silenciosos e inteligentes, que dicen ser giroscópicos y eléctricos; o sea, superecológicos y de ultimísima generación. Erguidos como estatuas olímpicas, recorren la Avenida de Las Canteras con un suave balanceo en la postura y apostura que requiere ese moderno  artefacto, siempre mirando al frente, atentos  para no atropellar paseantes, carritos de bebés o bañistas en chancletas. De acá para allá se deslizan nuestros guardias sobre la Avenida, impecablemente vestidos y calzados y se les nota que van felices y contentos con ese trabajo y en esos graciosos transportes.

Playa de Las Canteras

Al parecer, lo que se dice la playa– o sea lo que está más abajo de la Avenida, eso que tiene arena y mar- no es de su incumbencia, no lo tienen encomendado, nadie les ha ordenado nada sobre ello y tampoco se sienten interesados por el tema. Claro, se entiende que si van tan atentos sorteando hábilmente paseantes y carritos, han de mirar al frente y no pueden distraerse echando un ojo a la playa, mismamente. Tampoco van a pararse un ratito a ver qué pasa en la arena porque lo mismo pierden la fuga del segway o la concentración debida.

Pero el caso es que si se pararan un rato en ciertos puntos álgidos ( o “puntos negros”) como son El Peñón, La Puntilla, La Playa Chica.. Etc. verían u oirían como se incumplen todos los días casi todas las normativas al respecto: la gente juega a las raquetas, al fútbol, pone música a toda pastilla -cuando no llevan los instrumentos bajo la sombrilla-, deja botellas y bolsas de basura, tira colillas, alimenta los peces con bolsas enteras de pan, pescan con liña, pasea perritos…y muchos pequeños juega con el agua de las duchas abriendo los chorros de forma permanente como si si se tratara de la fuente eterna.

Pregunta: ¿Es que Las Canteras se refiere solo a La Avenida? ¿Es que no hay nadie que baje a la arena? ¿Ningún guardia podría aparcar su precioso vehículo por un rato y más que sea, asomarse un rato en “horas punta” (bajadas de mareas) en los “puntos negros”? ¿Qué pasa? ¿Tienen reparos en ensuciarse el uniforme o quizá en que les entre arena en las playeras?; o ¿tienen miedo de que les roben el vehículo? ¿de coger una insolación? ¿Se los tendrá prohibido el Concejal no sea que se malquisten con los bañistas?

Otras preguntas: ¿Para qué poner ordenanzas, cartelitos, altavoces con advertencias si no hay nadie que vigile y las haga cumplir? ¿Pagamos entre todos, toda esa parafernalia de bonitos uniformes y elegantes nuevos vehículos para ver a la llamada Policía Turística pasear por La Avenida y ocasionalmente, poner multas a los coches cercanos mal aparcados?

¡Ay! La que proclamamos la mejor playa capitalina del mundo mundial ¿no se merece que nadie la cuide?

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