Acorralado en casa

Marisol Ayala

Esta es la historia de hoy, la historia de un vecino de mi barrio. Un hombre de 92 años, viudo, que vive en la calle Molino de Viento y que lleva meses acorralado por unos okupas que se han adueñado de la casa que linda con la suya; pared con pared. Los okupas, putas, drogadictos, etc, entran y salen de la vivienda terrera, pedazo de casa, y allí hacen y deshacen sin respeto a nada. Otro dato a tener en cuenta y que habla del desamparo en el que vive nuestro vecino: la Delegación del Gobierno en Canarias está a no más de 20 metros del anciano pero no se han enterado; tal vez con estas letras se enteren.

Dice el anciano que en el medio siglo que lleva viviendo en esa calle ha visto de todo pero que nunca pensó que un día su vida se asomara al infierno. La vecindad, la mayoría personas con edad y memoria, cree que la heroína ha vuelto a las calles a juzgar por la agresividad de los toxicómanos que visitan la casa y algunos puntos de la zona. Al vecino, recuerden, 92 años, al dolor de perder a su mujer, que falleció en esa casa, vivir en soledad su ausencia, hay que añadir los atropellos de unos desalmados a los que nadie pone freno. Pasa la noche en vela, asustado y solo, combatiendo los ruidos que no cesan. Vive prisionero, está aterrorizado, cierra puertas y ventanas y espera que llegue el día. Durante la noche algún vecino trata de comprobar si está bien y toca en su puerta. No han llegado a agredirlo pero hay que estar alerta porque nada es descartable. El anciano ha denunciado su situación allá donde puede pero de poco le ha servido. Vecinos de Molino de Viento y de otros puntos del barrio han iniciado una recogida de firmas porque no piensan dejarlo solo. Pedirán la clausura de la casa convertida un fumadero, protección para el anciano y que los dueños del inmueble ocupado asuman responsabilidades. La vivienda ocupada lleva años vacía y siempre ha tenido atractivo para los sin techo, de hecho le dieron un palo a la ventana y la hicieron suya. El anciano cuenta con el cariño de sus vecinos, que no descartan manifestarse. Es decir, el hombre estará asustado pero no solo. En absoluto. Los que están pidiendo firmas son además de vecinos mujeres que trabajan en la zona. Con 92 años necesita ayuda.

Que lo escuchen.

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Cuando la vida te pone contra las cuerdas

Marisol Ayala

Pepe Sánchez Bolaños, uno de los más reconocidos divulgadores del folclore de Canarias deja de tocar después de 50 años a causa de una enfermedad que limita sus manos.

Después de haberse sometido a seis operaciones quirúrgicas sin los resultados deseados pone en venta 40 instrumentos de cuerda y percusión. “No puedo verlos, la pena me mata”.

Pepe Bolaños, folclorista: “Con las tradiciones canarias se han hecho muchos destrozos”

“Hoy cada asociación de vecinos tiene un grupo musical sin tener ni idea”.

“Lamentablemente a Tenderete van invitados con vestimenta canaria y cantan canciones mejicanas”.

Se llama José Sánchez Bolaños, tres hijas cinco nietos y una biznieta, y en el mundo de la música canaria con mencionar a “Bolaños” todos saben de quien hablas. Dice que nada le define mejor que “obrero del folclore” porque ha trabajado mucho por dignificar y ordenar la música canaria. Es exigente, no se anda con chiquitas y en su espacio manda él; sin duda su trayectoria de más 50 años impartiendo clases de guitarra, timple, bandurria, dirigiendo y poniendo en marcha grupos folclóricos le han convertido en un persona respetada y querida.   Tiene distinciones para parar un camión pero a todo eso Bolaños le da la importancia justa y no es falsa modestia. Es así. Hombre de carácter, solo exige a los que desean aprender bajo su batuta disciplina y respeto. Disciplina. Sin esas premisas no le abre las puertas de su sabiduría a nadie. “María (así me llamada desde que nos conocemos, hace muchos años) eso lo que uno quiere”. Reconozco que hay un afecto mutuo porque conozco el compromiso de Bolaños, su entrega en situaciones familiares complicadas. Es muy buena gente.

Bolaños creó el grupo canario Los Sancocho y lo ha dirigido además de a otras innumerables formaciones como La Agrupación de Gran Canaria, Jardín de Corvo, Ayadirma. Como ya saben Bolaños se ha pasado más de cincuenta años impartiendo clases de instrumentos de cuerda en mil sitios, pero ahora, con el dolor de su alma, la vida le ha dicho que hasta aquí.

Pepe Bolaños con sus instrumentos musicales.

Una enfermedad más extendida de lo que creemos, Dupuytren, que afecta a la palma de las manos y por tanto a los dedos le impide seguir con su actividad docente. Lleva diez años luchando contra ella y finalmente le ha derrotado. Se ha sometido a seis intervenciones quirúrgicas, cuatro en una mano y dos en la otra. Esos procesos le han aliviado durante un tiempo pero la imposibilidad de manejar los dedos, y por tanto, sujetar el brazo del instrumento o las cuerdas ha vuelto. Hace tres meses, en diciembre, José Sánchez Bolaños tomó la dura decisión de apartarse de los instrumentos que le han acompañado toda la vida. Incluso pone en venta su primera guitarra. Imposible acariciar cuerdas.

“Durante diez años he intentado defenderme con los instrumentos pero la enfermedad avanza y mis dedos ya me lo impiden. Durante ese tiempo he subido al escenario pero cada vez me costaba más mover los dedos. Incluso le gente que me conoce me preguntaba: “¿Pepe, por qué no tocas?”, pero yo no daba muchas explicaciones porque es una cosa que me estaba tragando y no quería preocupar a nadie. Pero ha llegado un punto en el que no puedo más y con una pena enorme lo dejo todo. No ha sido fácil. He recogido los instrumentos, unos cuarenta, y los he quitado de mi vista”, dice apenado. Bolaños ya no se subirá más al escenario como tocador pero seguirá dirigiendo grupos. “Lo que no puedo es tocar, así que ahora, doy órdenes y ya está. Y mira, para evitar tenciones y especialmente para que no se estropeen, que a los instrumentos hay que darles vida, tocarlos y los venta.  No los quiero en casa que solo de mirarlos se me parte el alma. Esos instrumentos, guitarras, timples, bandurrias y otros que tienen menos arraigo en Canarias, son muy valorados y muy queridos. Todos los he comprado para mí uso a lo largo de la vida, es decir, buenísimos. Unas joyas”.

Bolaños no quiere hacer de esto una tragedia porque no lo es. Dice que cada día mira a su alrededor y ve tantas cosas terribles que lo de su enfermedad y las consecuencias, lo minimiza. Duro despojarse de los recuerdos, de esos instrumentos que le han acompañado tantos años, pero así pondrá fin a la tensión que ha vivido durante un año, pendiente de la evolución de sus manos. “Yo soy optimista por naturaleza así que vamos a ser positivos; mi mujer, mis hijos, mis nietas y mis amigos me llenan la vida y la música, claro”. Desde que entre los amigos han conocido la enfermedad de Pepe y la venta de sus instrumentos ya tiene compradores. El advierte que el valor sentimental de sus instrumentos no tienen precio pero que no son baratos “mal venderlos, ni hablar, primeros los regalo”.

El Cabildo Insular de Gran Canaria distinguió a José Sánchez Bolaños en 2014 con el Roque Nublo de Plata al Folclore reconociendo así su trabajo en la divulgación y docencia de la música canaria pese a lo cual “mi lucha por conservar las tradiciones ha caído en saco roto. Se han cometido muchos destrozos. Muchos”, concluye. Pocos como Bolaños han trabajado en favor del folclore pero ¿cómo empezó todo? “Mis inicios en la música fueron con la profesora Laura Fernández, en los años sesenta, imagina. Ella me daba clases particulares de música pero yo no tengo ningún título que avale los conocimientos, aunque no se me escapa nada. Soy autodidacta”. Lo cierto es que con títulos o sin ellos es un gran sabedor da la música canaria.

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La primera kellis

Marisol Ayala

La conocí hace doce años en Morro Jable (Fuerteventura). Coincidimos un par de veranos; ella limpiando todos los apartamentos del mundo, yo de vacaciones. Poco a poco pegamos la hebra que ya saben que el ocio activa la necesidad de adquirir conocimientos. Entonces supe que la parte más maltratada del turismo eran ellas. En un recoveco del complejo, al que no llegaban ni el sol ni las miradas ajenas, ella y sus compañeros relataron la esclavitud bajo el sol. Dejaban la carretilla en el jardín y venían a echarse una cerveza y un cigarro. Estaban muertos. Ahora sé que Concha, así se llama, era lo que hoy conocemos por una kellis, antes camarera de habitaciones. Lo desconocía porque la admirable lucha de las kellis de hoy no  había estallado. Concha vivía en Puerto del Rosario, es decir, a dos horas en transporte público y bastante menos en vehículo privado, de Morro pero el sueldo no alcanzaba; ni siquiera compartiendo gastos salían a cuentas. Durante el verano ella y otras compañeras idearon la manera de dormir en un recodo de los jardines para abaratar costo. Compartían una colchoneta y allí descansaban. Eso sí. Por la mañana tenían café y donuts que comían en los apartamentos amigos. Ese colectivo antes y ahora han sido esclavizado por la complicidad de la administración y los empresarios del sector. Nadia sabe nada, de hecho Rajoy “él rápido” hasta hace unos días no sabía ni que existían. Concha contó su dureza del trabajo, cómo de mal estaba su espalda, qué miseria le pagaban, el desprecio de sus jefes y las pretensiones de alguno. Se pasaba el día con la fregona a cuesta y los bolsillos llenos de trapos. A todo lo que ya sabemos, innumerables tareas para dejar las habitaciones como un palmito, hay que añadir cosas feas porque ya sabemos que en la intimidad de la habitación hay clientes que se crecen y no dudan en mostrar miserias en todo su esplendor.

Para resumir, que el que tiene que dignificar el trabajo de las kellis es el gobierno español exigiendo a los empresarios que cumplan; no permitirle más atropellos y obligarle a ordenar un colectivo tan necesario y machacado. Hay empresarios que imponen a sus trabajadores una condición que los retrata. Para que las kellis se conviertan en “profesionales” de la limpieza tienen que permanecer tres años como becarias. Es decir, tres años cobrando el 60% menos del salario por recibir tan exclusiva formación.

¿Y un Master de fregona?

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