El lobo

Carla Sánchez

Hoy vengo a hablarles del lobo, que, además de un gran turrón, el lobo es también la persona que nos gusta, el peligro, el salvaje, el malo del cuento más clásico de la historia, que convirtió a una inocente niña en la víctima perfecta de un animal astuto y despiadado. Nunca la palabra lobo o loba, tiene connotaciones positivas, y menos en mujeres, siempre o casi siempre, hace referencia a salvajismo o fuerza en masculino y a frialdad y cálculo en femenino. Pero ¿Alguien le preguntó al lobo su versión del cuento?

Todos conocemos a un lobo o una loba, o eso creemos. El lobo es fuerte, nadie imagina al lobo escuálido, triste en una esquina, o con un ramo de flores o respirando lo más hondo que puede, desquiciado, antes de saltar de un puente. Un lobo es fuerte y feroz y por eso damos por sentado que los lobos, no necesitan jamás ayuda. ¿Cómo va a necesitar ayuda si es capaz de despedazar a un ser vivo a dentelladas? Es imposible, y por eso lo idealizamos, en una colina, aullando a la luna…a saber, qué estará tramando el lobo.

Así son también las personas lobo, parecen fuertes, líderes y nunca solitarias porque llevan consigo a su manada, pero cuando el lobo aúlla en la colina, puede que le esté pidiendo oportunidades a la luna, o simplemente lamentándose ante lo único que parece superior a él. Por razones de triste actualidad, vamos a dejar de lado la palabra manada, el lobo lleva consigo un grupo de iguales, sin embargo, cuando las cosas se ponen feas, al lobo sólo le queda la luna.

De forma inseparable al lobo, relacionamos inevitablemente a otro animal: el cordero. Cordero, ovejas, todo el rebaño, son seres adorables frente al lobo, que es temido por toda la aldea. Todos los personajes del cuento se pueden trasladar a la vida diaria, también hay personas oveja y cordero a nuestro alrededor. Ser adorable, es una cualidad, de eso no cabe duda, pero la cara B de un cordero, es una decepción interminable, la cara A del lobo, es la que muestra siempre, ataque, furia, fuerza y todas estas idealizaciones, ensombrecen su cara B hasta hacerla desaparecer. Los corderos, por su parte, son un rebaño débil, que vive pendiente del ataque de turno del más fuerte y astuto, lamentándose, acercándose al llano que más hierba fresca tenga, porque, desde que deja de tener hierba, es sólo un llano como otro cualquiera.

Los corderos se lamentan de no tener las fauces del lobo, pero la sociedad, olvida una cosa, el rebaño siempre es más numeroso que los acompañantes del lobo, los corderos adorables y aparentemente inofensivos, nunca hacen nada solos, nunca aúllan a la luna, tienen la comida garantizada, el trasquile, y si se organizasen, serían superiores en número y más fuertes que el lobo.

Encajado en los humanos, el rebaño se refleja en las personas simpáticas, felices por imposición, de fotos impolutas en Instagram y seguidores interminables, el rebaño es homogéneo, en el fondo son todos iguales, son muchos, no se diferencian en nada, el rebaño, si quiere, eclipsa al lobo, que sale malherido de todos los huecos en los que se mete, por líder o por valiente y escapa como puede, a su colina, bajo la luna.

En la vida, el reparto de papeles no es estándar, puede tocarte cualquiera, incluso, si pasas otro casting, puedes cambiar de papel, puedes ser el lobo temido, fuerte y solitario, el cordero, lindo, interesado por el pasto fresco o incluso el pastor, que dirige y alecciona al rebaño a su orden y antojo y culpa al lobo de todos sus males, aunque la mayoría sean culpa de sus descuidos. El lobo ante un ataque se defiende, y defiende a dentelladas a los suyos, el cordero a un solo toque de vara del pastor sale corriendo despavorido y si tú, siendo del mismo rebaño, no te has ido…tiempo has tenido.

Al leer este texto, puede que te hayas identificado en algún papel, habrá gente que, incluso sea la hierba fresca del llano y se sienta expoliada sin poder oponerse. Puedes cambiar de papel si te has cansado del tuyo, o conservarlo y perfeccionarlo con la experiencia que te dan los años, que pasan y a veces, pesan, pero si te has identificado con el lobo recuerda, en el rebaño son muchos más y el pastor los dirige, sólo, con una vara.

Querido lobo, cuando te cansen, da una dentellada, aunque sea al aire…total, puedes hacerlo, eres el lobo.

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Miami rebota en Telde

Marisol Ayala

Leyendo el suceso ocurrido en Miami del que han dado cuenta todos los medios, recordé un caso parecido ocurrido en Gran Canaria (Calero. Telde) a mediados de los noventa. La noticia actual explicaba que un hombre le cortó el pene a un vecino al sorprenderle con su mujer en la cama. El de Miami utilizó tijeras, el de Gran Canaria cuchillo. En los dos casos la brutal agresión tuvo como desencadenante el sexo. Desconozco los pormenores del caso de Miami, pero el de Telde lo viví de cerca dado que uno de los cirujanos que operó al herido y le salvó la vida era amigo. Dándole vueltas a la cabeza he recordado que el hombre llevaba tiempo acosando a una niña aprovechando descuidos familiares. Así que un día la madre de la pequeña le tendió una trampa sorprendiéndole cuando intentaba acceder a la niña. Lo siguiente fue coger un cuchillo y seccionarle el pene. Escapó loco.

Por entonces los sucesos importantes tenían mucho seguimiento mediático así que mis jefes, conscientes del interés por lo sucedido, quisieron que el lector conociera qué había detrás de la agresión y lo que había era un violador pertinaz. La mujer fue detenida y el hombre ingresado en el Hospital Insular. Tuvo suerte. Lo salvó un hilito…

Pero los jefes son insaciables y los míos querían estirar la noticia. Todo era tan disparatado como el hecho de que los periodistas entraran a la vivienda y se sentaran en la cocina como si nada. Una de las imágenes que guardo de aquellos días es la del agredido caminando con dificultad por el pasillo contando su proeza. Le habían dado el alta y era el rey de la casa. Por supuesto se dejó hacer fotos. Termino: agresora y agredido viven en el mismo barrio y cada cual tiene un nombrete. Imaginen. Ayer supe que el fulano y la mamá protectora fueron novios.

Vaya historia.

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El pequeño tirano

Marisol Ayala

No sé de qué se han alimentado esos niños que viven en la tiranía como eje de sus vidas desde que tienen uso de razón; tiranía que han ido perfeccionando con los años. Algo habremos hecho mal familia y educadores para que esos niños deriven en eso. La columna de hoy es la petición de una lectora que cada dos o tres meses desde hace dos años envía unas páginas contando de la evolución de un nieto. Ese es su desahogo. La primera comunicación llegó cuando el chiquillo tenía cuatro años. Es hijo de padres separados y en conflictos imaginables; el entendimiento fracasa una y mil veces. La lectora, abuela paterna del pequeño, lo cuida los días que debe hacerlo el padre lo que ha añadido más crispación a la relación rota. La madre sin trabajo y con nueva pareja, el padre con pareja y descendencia, han ido delegando los cuidados del niño en la abuela a sabiendas de que no se negará nunca. Una sentencia les obliga a cuidar a su hijo. Ni caso. Padres enfrentados y una abuela en una situación complicada; ninguno de los “padrazos” le avisan cuando le llevarán al niño. La desconsideración es máxima.

Hasta ahí, uno de tantos conflictos que todos hemos conocido. Los padres ya se han denunciado por no asumir sus responsabilidades; en ese ambiente crispado el niño, siete años, sin autoridad en su entorno ha desarrollado una violencia hacia la abuela a la que insulta y golpea. Pero una mano mece la cuna. Mami.

En los Servicios Sociales y en Menores saben de qué hablamos. Temen que el paso de los años anime al pendejo a emprender conductas peligrosas. Pero la denuncia sirvió de poco, la Administración no tiene autoridad para frenar al tirano. La mujer dice que o se reconduce esa conducta, “no le tiene miedo a nada”, o les aguardan días negros.

El lector ya tiene una solución.

Alejarse. La abuela perderá siempre.

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