Es nuestra historia

Marisol Ayala

El miércoles en la presentación de mi libro “Historias Prestadas” en el Club La Provincia escuchando a las amigas que hablaron de mi trayectoria, en este caso la periodista Cira Morote y la prologuista del texto, Coca de Armas, un alud de recuerdos me asaltaron por sorpresa.  Escuchaba a Cira y escuchaba a Javier Durán, una de las plumas mejor dotadas para la reflexión, el análisis, director del Club La Provincia que subió al escenario casi por sorpresa. Viendo sus caras, las miradas, el cariño con el que ambos hablaban de nuestras vidas vividas en la redacción de La Provincia pensé “qué suerte he tenido”; porque suerte es trabajar en una redacción en la que reír, bromear, escribir y compartir los éxitos de los compañeros es la marca de la casa. Y por todo eso, encima nos pagaban. Contaba Javier en un texto escrito hace años que todos nos conocíamos tanto que él mismo cuando me veía llegar a la redacción, me seguía con la mirada esperando que me sentara a su lado y le contara una noticia de primera página. Bueno, no era así, pero se acerca a la realidad. Cira recordó tantas cosas de La Provincia de hace 16 años, cuando ella llegó al periódico, que la memoria me la devolvió sentada en la mesa de la entrada, observando y mirando con unos ojos que cuando se iba la luz, nos alumbraban. Para el lector que no lo sepa le diré que Historias Prestadas habla de las pequeñas cosas, de los retales de grandes reportajes, que no tienen entidad para una información amplia peso sí son relatos con alma, pequeñas pero grandiosas historias que he ido recopilando a lo largo de los años. Los tres, Cira Javi y yo, hemos tenido la suerte de formar parte de la mejor redacción que ha habido en Canarias. Una gran redacción en la que más que compañeros éramos familia. Coca dijo algo con lo que estoy de acuerdo “en el libro hay relatos que son retazos de muestras vidas”. Y así es. Historias en las que vivimos todos, historias que nos pertenecen, gestadas en una redacción y más tarde entregadas con mimo a los lectores. Por un momento el miércoles recordé a quienes fueron nuestros maestros, los míos al menos, a los que tenían la habilidad de darle la vuelta a una noticia ajena y descubrir en ella otra cara hasta hacerla nuestra. En fin…

Reconozco que me violenta escribir de mí. Ya lo hicieron Javier, Cira y Coca. Sus palabras, inolvidables.

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La periodista Cira Morote habla del periodismo de Marisol Ayala

Cira Morote Medina

Presentación de “Historias Prestadas” el libro de la veterana comunicadora grancanaria.

Buenas tardes, amigas y amigos:

Antes que nada, gracias, muchas gracias, Marisol, por pensar en mí para presentar tu primera criatura en solitario, después de la apasionante aventura madre-hijo que fue plasmar en negro sobre blanco uno de los casos más aberrantes que ha sufrido este país, en ese soberbio macro reportaje de investigación que es ‘La secta del kárate’. En aquella ocasión compartiste ordenador, inquietudes y vértigo con mi adorado Micky Ayala, aquí presente, hoy sales al ruedo como la única autora de esta obra: ‘Historias prestadas’… pero no lo haces sola.

Y me explico, una periodista como tú lo eres, una periodista de verdad, nunca está sola. Los plumillas viajamos acompañados de miles de historias, de cientos de miradas, de sonrisas, de dramas, de alegrías… en definitiva, de la vida misma. Cada día es un descubrimiento, cada llamada a la redacción significa un asunto de vital importancia para quien requiere de nuestros servicios. Cada entrevista supone una pieza que trasciende lo cotidiano o, mejor dicho, que pone en valor las historias pequeñas y las eleva, por obra y gracia de esa capacidad que nos hace ser seres humanos: la comunicación. Y si esa suerte, la de poder contar lo que pasa a quienes nos rodean, es compartida por la profesión en general (no en vano es nuestra obligación)… en tu caso, querida Marisol, es marca de la casa. El libro que hoy sale a la luz está preñado de esbozos de vida, pero no de las vidas de ricos y poderosos, sino de la existencia de la gente sencilla. Porque Marisol siempre se pone de parte del débil, ella se moja. No sabe de medias tintas. Ejerce el periodismo militante, apasionado, comprometido, a pie de calle, el periodismo que hace grande esta profesión y por el que muchos decidimos que valía la pena dedicarnos a esto.

Pero vamos por partes. ‘Historias prestadas’ es la recopilación de décadas de periodismo social, pero servido en cápsulas. Y me vuelvo a explicar: una vez, Javier Durán (también aquí presente, mi primer jefe, el que puso los mimbres de casi todo lo que sé, compañero de batallas de Marisol y de toda una generación de periodistas que admiro y respeto profundamente)… pues eso, Javier, me pilló un día de esos en los que una está espesa, en el que le daba vueltas y más vueltas a un reportaje, tejiendo y destejiendo párrafos, como el velo de Penélope, pero con pocas esperanzas de que llegara Ulises… “Déjame un segundo”, me dijo. Se sentó, se puso al teclado y en dos parpadeos desfizo aquel entuerto. Las ideas que yo había desparramado sin piedad, él las había ordenado en unas pocas líneas, sin dejar ni un solo cabo suelto. Le debí mirar asombrada, porque, ya camino de su mesa, me explicó con una amplia sonrisa: “Periodismo capsular, Cirita”. Y de eso, de periodismo capsular, hay dosis letales en ‘Historias prestadas’. La recopilación de las columnas de Marisol durante décadas. Esas impresiones que van más allá de la noticia pura y dura y donde ella deja entrever, además de su capacidad de condensar la realidad, su enorme humanidad.

Las columnas vienen agrupadas en diez categorías, a saber: Mujeres, marginalidad, sanidad, sucesos, menores, inmigración, justicia, ciudad-tradición, mayores y personajes. Marisol retrata, bajo el epígrafe de ‘Mujeres’ las venturas y desventuras de heroínas que son capaces de sacar adelante a sus hijos, de jabatas que reciben golpes y muerte a manos de sus parejas, refleja los gritos de socorro de quienes lo han perdido todo y recurren a la autora para que alguien les tienda una mano y no diluirse en el abismo, son historias con nombres y apellidos, otras anónimas, pero que se meten en la piel y provocan un terco cosquilleo en el fondo de la conciencia. Mujeres fuertes, mujeres frágiles, mujeres que caen en el pozo, otras que se alzan como el ave fénix, vidas duras, otras regaladas, pasadas por el tamiz de quien, a fuerza de vivir la vida, se ha convertido en una sabia maravillosa.

La marginalidad que describe el siguiente grupo de artículos tiene, sobre todo, un elemento en común: las adicciones. La pobreza es un terrible caldo de cultivo en el que transitan como pueden los protagonistas de estas historias que Marisol coge prestadas, pero que no guarda en una gaveta para esconderlas, sino que las muestra para que no nos olvidemos de que existen. En una de estas cápsulas de realidad escribe: “Los consejos llegaron tarde, cuando todos ya habían asistido a más de un entierro”. La droga. La droga que se ha tragado a jóvenes y no tan jóvenes, arrastrando tras de sí a madres, padres, hermanos, abuelos… la droga que siega vidas sin piedad y convierte a los adictos en seres desesperados capaces de robar y matar, como Clara, la joven del chándal gris, figura central de una de las columnas más desgarradoras de cuantas pueblan las páginas de este libro.

Y es en este apartado donde Marisol deja traslucir de manera patente otra de las características de su forma de enfrentarse a la profesión periodística. Su implicación personal. “¿Te acuerdas de mí?”, le dice un chico con el que se reencuentra tras años de darlo por muerto a causa de la droga y al que, tras conocerle por un reportaje, le había encargado una mudanza en la que algunos objetos se habían, digamos, quedado por el camino. Esa implicación personal, ese ir volando bajito que dio nombre durante tantos años a su columna, le viene devuelta en forma de cariño y también de noticias. Porque ella es de esas periodistas a la que llaman para contarle cosas, de esas que dejan huella, que son parte de la familia de los lectores, de esas que escuchan, porque de eso se trata este negocio, señoras y señores, de escuchar.

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(Periodismo) Historias de la gente sencilla

Nora Navarro en La Provincia

La periodista Marisol Ayala presentó ayer su primer libro en solitario en un acto emotivo en el Club LA PROVINCIA, donde estuvo arropada por Cira Morote y Coca de Armas

La periodista grancanaria Marisol Ayala presentó ayer en el Club LA PROVINCIA su libro ‘Historias Prestadas’ (Mercurio, 2017), que recoge una selección de sus mejores columnas publicadas a lo largo de los últimos 30 años en este diario. La autora estuvo acompañada por la periodista Cira Morote, jefa del área local de LA PROVINCIA, y por la historiadora Coca de Armas, prologuista del volumen, quienes recrearon la estela de Marisol Ayala, Hija Predilecta de Las Palmas de Gran Canaria, en el ejercicio de un periodismo a pie de calle, que ha dado voz a la gente sencilla en la ciudad donde vive y escribe.

Marisol Ayala con Cira Morote y Coca de Armas

“A lo largo de 30 años, la gente me ha dejado entrar en sus casas, en las cocinas de sus vidas, y me han contado tantas barbaridades, y han confiado tanto en mí, que tenía que devolver de alguna manera esas historias prestadas”. Así comenzó anoche el emotivo discurso de la periodista grancanaria Marisol Ayala con motivo de la presentación de su libro Historias Prestadas (Mercurio Editorial, 2017), una compilación de sus mejores columnas publicadas en estas páginas, que glosan tres décadas en el ejercicio del periodismo a pie de calle para contar las historias de la gente sencilla.-__

La periodista, que estuvo acompañada en el Club LA PROVINCIA por la también periodista Cira Morote, jefa de sección del área de local de este diario, y por la historiadora Coca de Armas, prologuista del volumen, revivió anoche ante un aforo abarrotado sus difíciles vivencias puerta a puerta para registrar los problemas, heroicidades y tragedias de los vecinos de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, “de la que hoy es Hija Predilecta, justo por su compromiso con el periodismo social”, como apuntó Coca de Armas en su intervención.

Público asistente al acto de presentación del libro Historias Prestadas

Precisamente, Ayala reveló durante su introducción que fue su designación como Hija Predilecta “el empujón definitivo que me animó a escribir este libro”. “Me apetece contarles por qué se me cruzó el cable y me embarqué en esto. Y es que yo no sé vivir en la orilla, yo sólo sé vivir dentro”, sostuvo la autora, que incluye en el libro una amplia introducción donde desgrana estas motivaciones y, además, reivindica la importancia del periodismo social en el presente.

Y es que el diálogo que ha trenzado Ayala con las realidades más duras de los más desfavorecidos ha marcado una trayectoria que ha encadenado a generaciones de lectores, que encontraron en el altavoz de sus columnas un espejo de sus propias inquietudes. “Durante todo este tiempo he visto tanta miseria, tanta gente viviendo al límite, pero, al mismo tiempo, ayudándose y colaborando entre ellos para salir adelante, que me he emocionado mucho recordando esas historias a través de las columnas”, confesó la autora, quien manifestó que “yo no he hecho otra cosa en la vida que contar lo que pasa en esta ciudad, que contar lo que le pasa a la gente”.

Periodismo militante

Entre sus compañeros de batalla, el periodista Javier Durán, redactor jefe y director del Club LA PROVINCIA, recordó que “esta es una profesión de muchos sinsabores, pero también de muchas alegrías” y que asistir a la presentación de Historias Prestadas era evocar “aquellos años de trabajo en la redacción de LA PROVINCIA, donde Marisol Ayala fue una de las primeras personas que encontré”.

Cira Morote en un momento de la presentación

Por su parte, los caminos de Cira Morote y Marisol Ayala se cruzaron hace 16 años entre esas mismas paredes, cuando la primera se estrenaba como redactora en prácticas. “El mundo se ha vuelto del revés y ahora soy jefa de sección. Y cuando llama para darme o un tema, pienso: qué suerte tienes, Morote, por tener a los Ayala y porque quieran escribir en tu periódico”, relató en un emocionante discurso, donde también hizo varios guiños al periodista Miki Ayala, hijo de la homenajeada, sentado en primera línea del acto, al que también acudieron Francisco Orsini, director general de Editorial Prensa Ibérica en Canarias; Guillermo García-Alcalde, consejero de Editorial Prensa Ibérica; Antonio Cacereño, director de LA PROVINCIA; Israel Reyes, director de Clapso Producciones; o la concelaja Inmaculada Medina, entre otros asistentes.

Asimismo, Morote destacó en su intervención que “el libro que hoy [por ayer] sale a la luz está preñado de esbozos de vida, pero no de las vidas de ricos y poderosos, sino de la existencia de la gente sencilla. Porque Marisol siempre se pone de parte del débil, ella se moja. No sabe de medias tintas. Ejerce el periodismo militante, apasionado, comprometido, a pie de calle, el periodismo que hace grande esta profesión y por el que muchos decidimos que valía la pena dedicarnos a esto”.

Coca de Armas durante su intervención

Además, señaló que “su implicación personal, ese ir volando bajito que dio nombre durante tantos años a su columna, le viene devuelta en forma de cariño y también de noticias. Porque ella es de esas periodistas a la que llaman para contarle cosas, que dejan huella, que son parte de la familia, de esas que escuchan, porque de eso se trata este negocio, de escuchar”.

En este sentido, también Coca de Armas destacó que, tal como le recordó un amigo hace unos días, “Marisol hace un periodismo de andar por casa. Pero dicho no en término peyorativo, todo lo contrario: quiero decir que es un periodismo que entra en las casas, que a todos les llega, jóvenes, mayores, más estudiados o menos. Por eso, entra en las casas, penetra en el corazón y a todos conmueve”.

Así, durante su intervención, la protagonista desgranó casos y anécdotas de sus 15 años de denuncia de los atropellos sanitarios en el sistema público de Canarias; sus enfrentamientos con los camellos en barrios marginales para denunciar la lacra de la droga; los terribles casos de asesinatos de jóvenes y de niños robados; madres desesperadas ante esta pérdida, que luchan para salir adelante; y el periodismo de investigación de la red de pederastia tejida por el karateka Fernando Torres Baena y plasmada en La secta del kárate, coescrito con su hijo.

“Con su periodismo social y humano ha denunciado todos los horrores e injusticias que desgraciadamente acontecen con asiduidad, pero los episodios los más alegres e ilusionantes”, concluyó De Armas, “porque ella no sabe pasar de puntillas por lo que considera una buena historia”.

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