Racaneando con los chiquillos

Marisol Ayala

La pobreza y la marginación huelen. Es un olor característico; a caldero al fuego, a lejía, a tabaco, jaboncillo, cerveza y bajantes. Y tiene una música igualmente identificativa. Máximo volumen, varios soportes sonando a la vez, además de una voz que emite noticias que a nadie interesa. Y los niños. El olor de bebés de padres adolescentes. Ellos tienen mucha presencia en ese mundo. Chicos con sus bebés en brazos mirando sin ver quién entra y quién sale. Pegados a los juegos.

El lector se preguntará de qué historia hablo hoy. Pues es la historia de la pobreza, marginación y menores, las tres patas de un banco que hace mucho cojea. Todos hemos vivido ese escenario en barrios de la ciudad y sabemos cómo de felices son sus moradores, tan felices como ignorantes; cómo trapichean con todo y cómo la unidad familiar que sobrevive a la nada vive temerosa a una citación de Menores; vete a saber si alguien se chivó de irregularidades en casa y les quitan a los niños. Así se vive en demasiados hogares canarios. Sobrevivientes del día a día, haciéndose mayores en ese fango moral.

Al hilo de las denuncias que LA PROVINCIA ha publicado sobre menores de centros de acogida prostituyéndose con adultos que merodean en coches de alta gama he recordado a esos chiquillos a lo que en una larga época de mi vida profesional tuve cerca. Hablo de aquellos niños grandes que entraban y salían de los centros, reformatorios les llamaban, hijos de padres que habían hecho el mismo recorrido; trapicheo, centro de acogida y a la calle sabiendo que la mayoría de edad les cerraría las puertas a una cama y plato caliente. A buscarse la vida con toda las consecuencias, sin asumir riesgos. No los conocen. La mala gestión de Gobierno canario y cabildos en el sector ha ido avanzando años tras años rumbo al pozo negro. Las denuncias que hoy leemos son tan brutales como dolorosas. Avergüenzan. Ya es tremendo que desde 2002 el Gobierno canario no haya incrementado la partida destinada a los centros para poder adaptar la atención a las necesidades actuales; o que cuando el Gobierno cede la gestión a los cabildos estos se inclinen por la oferta más barata, racaneando sin importarles la calidad de esa atención. Eligen a la baja. Y ahora voy y recuerdo que los pibes no votan y la columna me queda redonda. Ellos, los menores, es que importan muy poco.

Nada se podría decir.

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La voz de los ausentes

Marisol Ayala

Pilar Vera Palmés es presidenta de la Asociación de Afectados del Vuelo JK5022 de Spanair, tragedia aérea ocurrida el 20 de agosto de 2008, una de las mayores sucedidas en España. Ese día el avión de la McDonnell Douglas MD-82 se estrelló poco después de iniciar el vuelo Madrid-Gran Canaria. Asumir la defensa de los afectados ha sido una papa caliente que nadie quiere ni sabría gestionar. Aunque en público Pilar no lo diga es consciente de que el día que el agotamiento aconseje colgar las botas la asociación estará en peligro. Y es que domina con destreza los términos de la Aviación Civil, no habiendo tenido jamás vinculación alguna con el sector habla por sí solo lo que ha tenido que estudiar para entrar en esas tripas y entender los tecnicismos de un mundo difícilmente comprensible, sin piedad con sus víctimas. Ser abogada no bastaba. El trabajo tenaz y brillante de Pilar ha sido distinguido por el Gobierno de Canarias con la Medalla de Oro, premio que da valor al asociacionismo pero dado que es la voz que pelea, denuncia y amenaza a las compañías aéreas esa distinción le pertenece. No le gusta decirlo pero así es. La asociación que lidera carece de medios. Por no tener no tiene ni secretaria. En ocasiones es ella la que afronta gastos. Lo cierto es que a los pocos meses de aquel agosto de 2008 se convirtió en la cabeza visible de una reivindicación justísima para los 154 fallecidos y 18 heridos y sus familiares. Una no sabe de dónde saca Pilar la fuerza para poner voz a tanto dolor y gritarlo en foros internacionales. O sí. De su sobrina Ana, 30 años, fallecida en el accidente. Su recuerdo es el motor que mueve su batalla. Durante años ha sufrido amenazas de muerte, abandono gubernamental y judicial; y se ha topado con abogados carroñeros y familiares que la dejaron sola.

Paradójicamente viajar siempre ha sido su pasión, pero no nos engañemos; para pasión la playa de Las Canteras y su isla, Gran Canaria. Vive en Madrid y aunque recuerde sus baños adolescentes en Famara (Lanzarote), es en la playa grancanaria donde recarga pilas. En septiembre de 2015 quiso la casualidad que estuviera en su isla preferida, Lanzarote. Sin conocerla le pedí una entrevista. Ha sido su entrevista más sincera en la que contó lo que no había relatado jamás. Escucharla sin prisas, emocionada y orgullosa, me descubrió a una mujer comprometida, cabal.

Merecido Premio, Clavijo.

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La revolución social de la sanidad

Marisol Ayala

Hace más de 40 años que una generación de médicos canarios socializó la medicina pública poniendo en marcha los centros de salud, el primero de España en San Bartolomé de Tirajana. “Fue apasionante”, recuerdan.

Todo empezó en Tirajana. Esta es la historia de una aventura en la que se embarcaron unos jóvenes y comprometidos médicos canarios, que estaban entonces entre los 26 y los 30 años, José Joaquín O’Shanahan, Gara Betancor, Luis Bello, Araceli de Armas, Miguel Ángel de Santa Ana, Mila del Toro, Carmensa, Pilar Betancor, Sergio Gil, Olga Correas, Chángeles O’Shanahan y a quienes le siguieron poco después otros profesionales de la sanidad como Braulia Navarro, Froilán Rodríguez, Jesús Pelegrín, Cristina Betancor, Silvia Camino, Ana Jiménez, Sergio de Armas, Paco Guimerá, con el apoyo de otros profesionales. Ninguno de ellos sospechó que revolucionarían la sanidad española poniendo en marcha el primer Centro de Salud de España, en las cumbres de San Bartolomé de Tirajana y Santa Lucía. “Lo cierto es que en mayo de 1976 diez profesionales de la medicina hicimos las maletas y nos fuimos a vivir a Tirajana para comenzar una aventura que nos cambió la vida y dio pie a un concepto pionero de Atención Primaria”, cuenta O’Shanahan. Todo ocurrió en Gran Canaria, desde donde años después ese modelo de sanidad se acabó extendiendo por toda España. La filosofía, estrategia y modelo de centro integral de salud de Tirajana supuso una auténtica revolución para el modelo sanitario vigente en el país.

Vacunaciones

José Joaquín O’Shanahan fue el director e impulsor del primer centro de Salud de España, desde 1976 a 1980. Actualmente es codirector de la Cátedra Unitwin-Unesco de Investigación, Planificación y Desarrollo de Sistemas Locales de Salud de la ULPGC en el Instituto de Investigación Biomédica y Sanitaria de la Universidad.

“Yo, con 25 años, regresaba a las islas desde Brasil, donde me había especializado en Salud Pública y Medicina Tropical, con la idea de volver a Perú con un contrato. Venía a terminar las prácticas de milicias en 1975. Me había preparado para planificar y organizar los centros de salud, que eran estructuras de atención integral que funcionaban en una Fundación de Servicios Especiales de Salud Pública, del Ministerio de Salud de Brasil. Estaba financiada por los norteamericanos en el nordeste de Brasil y en el Amazonas, donde tenían intereses. Me estuve preparando aquí, en Gran Canaria, en los hospitales, para regresar al interior de aquel país, y me surgió una sustitución en Tirajana, que era la oportunidad para reunir el dinero necesario y poder pagarme el billete de vuelta. La realidad”, explica, “es que en aquella sustitución descubrí realmente a nuestro pueblo. Había estado muchos años fuera y al volver a mi tierra viví las carencias desde el punto de vista sanitario; la gente de la cumbre aislada, un sistema fragmentado… En fin, todo estaba por hacer en un momento en el que se vislumbraba la transición democrática y un cambio”. Se produce entonces un hecho que facilita las cosas.

Lo cuenta José Joaquín: “Resulta que el compañero médico que estaba en ese momento trabajando de titular en Tunte tenía planeado dejar el pueblo e ir a Alemania para especializarse y ahí vi una gran oportunidad. ¿Por qué no desarrollar el proyecto de los Centros de Salud aquí?, comenté. Esa reflexión la llevamos a un grupo de amigos médicos, le dimos forma y nos decidimos”, rememora. “Presentamos el proyecto a los Ayuntamientos de San Bartolomé de Tirajana y Santa Lucía, que nos dieron su apoyo, cada uno de acuerdo a sus posibilidades. También les explicamos a las autoridades sanitarias de la Isla la posibilidad de llevar a cabo una experiencia que podría ser pionera y de gran interés para Canarias y el conjunto del Estado. Con su visto bueno un equipo de diez personas nos plantamos en las Tirajanas para trabajar todos donde antes había un solo médico titular. Te puedes imaginar de qué manera nos metimos para hacer realidad lo que era una ilusión y una necesidad”.

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